Hong Kong origen nombre

Significado del nombre Kong. Etymologia : Constante (latino).Nombre bretón. Festivo : Origen : Ponga una nota al nombre : Uso Idiomas en los que se usa Hong (pulsa el botón para escuchar su pronunciación) chino (escrito como '弘, 鸿') Acentuación, rimas y morfología de Hong ⇛ Ver información sobre la palabra Hong (acentuación, rimas, sílabas, etc.) Mientras las potencias occidentales están ocupadas haciendo frente a la pandemia, China dio un paso adelante en sus planes de ejercer mayor control sobre Hong Kong que prefigura cómo será el ... Un hombre de origen mandarín atacó a varias personas a cuchilladas en un centro comercial de Hong Kong en el que se reunían manifestantes prodemocráticos y arrancó parte de la oreja a Andrew ... Hong Kong has to contend with the direct presence of China in a way that Taiwan did not and does not. Hong Kong tiene que enfrentarse a la presencia directa de China de una manera que no ocurrió ni ocurre en Taiwán. Algunos en Hong Kong pueden incluso estar buscando respuestas sobre cómo lograr la autodeterminación en la historia de Taiwán. Los británicos recuperaron Hong Kong en 1945 después de la rendición incondicional de Japón. La historia de Hong Kong continúa con la guerra civil entre nacionalistas y comunistas en China, que trajo de nuevo a oleadas de chinos que se refugiaron en el territorio antes y después de la victoria comunista de 1949.

Civilización, fuentes y antropoceno (17 agosto)

2020.09.07 07:10 EdwinTec Civilización, fuentes y antropoceno (17 agosto)

En este bloque trataré temas de la historia en México, fuentes primarias y secundarias, Hong Kong, expansionismo americano, inicio de civilizaciones y el concepto de antropoceno.
Como punto inicial puedo hablar de cómo aquellos temas del pasado tienen una gran trascendencia en el presente, que mas allá de ser algo que marcó nuestra historia, se trata de algo que cambió un aspecto de nuestro país. Se puedan nombrar muchos hechos como la revolución, la constitución o la matanza de Tlatelolco.
De este ultimo evento se sabe que dejó muchas implicaciones en la política y la cultura, las cosas han cambiado desde aquel día, pero sigue estando esa marca tan horrorosa de nuestra historia. Hay muchas personas que quitan a Díaz Ordaz de la lista de presidente, e incluso en muchas ciudades en donde aparezca el nombre del ex-presidente, se ha borrado totalmente de donde haya estado.
Cambiando de tema, de China e Inglaterra es uno de los que se habla mas en estos tiempos. Hong Kong es una provincia que pertenece a China, pero anteriormente era de Reino Unido. Hay una disputa por que Hong Kong se separe de China, pelea que lleva años y tiene un futuro no muy claro. Aquí la historia entra mucho en juego, pero entre China e Inglaterra, cuando hace muchos años, el país europeo exportaba al mundo una gran cantidad de productos y materiales, sin embargo, China no importaba nada de Inglaterra. Reino Unido empezó a exportar ilegalmente a China grandes cantidades de opio, por lo que según muchas fuentes se considera que Gran Bretaña fue el primer gran cártel. La historia ayuda a clarificar que el narcotrafico no empezó en países como Colombia o México, sorprendentemente en Gran Bretaña. China se vio obligada a aceptar el libre comercio, cediéndole también Hong Kong a Inglaterra por 150 años.
Hong Kong volvió a China en 1997, estando influenciado por mas de un siglo y medio por la cultura occidental, lo que puede explicar el por qué Hong Kong tiene tantas diferencias con China. Aquí se puede ver la importancia de saber la historia de un suceso para ver lo que pasa en el presente.
Lo anterior se puede considerar un hito histórico, en pocas palabras un suceso o hecho que ocurre en la historia y que marca un cambio. El historiador trabaja por medio de fuentes primarias y secundarias, en pocas palabras, la primaria incluye libros, revistas y todo material que analice un hecho sin tomarlo o copiarlo de otro, mientras que la fuente secundaria es aquella que se basa de una fuente primaria.
Se puede hablar del expansionismo americano, el cual es analizado por John Quincy Adams en América para los americanos, y en donde explica que Estado Unidos esta destinada a expandirse de la costa atlántica a la del pacifico basándose desde las 13 colonias.
Para reunir todos los hecho anteriores, según Paul Crutzen (holandés ganador de premio nobel de química), en el 2000 acuñó el termino antropoceno, que abarca de la revolución industrial hasta nuestros años actuales. Muchos historiadores plantean que inicia desde que sale el primer humano, otros en el siglo XX, pero la mayoría están de acuerdo que surge en la revolución industrial.
Dentro de esto empiezan a caer conceptos como los tipos organización social (sociedades igualitaria, jerárquicas, y sociedades ciudad-estado) Las ciudades-estado surgen cuando inician las primeras civilizaciones, según de cada uno de las diferentes ideas de donde surge la civilización. Hay muchas ideas y teorías del surgimiento de la civilización, China, África, América, pero sin importar el origen, todas comparten características como la unión, organización, asentamiento estratégico, etc.
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2020.06.25 18:33 diyexageh Banca internacional #02 GB UK IM JE – United Kingdom, where it all began

Este contenido fue publicado originalmente el 01/08/2019 - Aca
Para los que se perdieron del primer post

Background e intro
United Kingdom, eufemismo para describir un país en poco unido en profunda transición intentando des-europeizarse, un país que en realidad son 4 y donde se encuentra una de las dos Irlandas. Una, si no es la primera de mis jurisdicciones favoritas.

Lo que hay que entender quizás sobre Reino Unido es que es un off-shoot del Imperio Británico y esto es solo relevante para nosotros porque la mayoría de los centros de banca internacional hoy dia son o fueron dependencias de la corona (Crown dependencies).

A nivel histórico muchos centros comerciales en los Ingleses establecieron relaciones en el pasado fueron Free ports y algunos de estos eventualmente fueron desarrollados como centros financieros (HK, Singapore, Brunei, Malaysia, Dubai(No es un país pero fue un protectorado). Este es el motivo principal por el cual English common law se usa como plataforma base para todos los centros financieros y en particular los que fueron parte de la corona. Muchos han cambiado o han adecuado ciertos aspectos en base a las necesidades o creencias de sus poblaciones como es el ejemplo del Sultanato de Brunei o Los Emiratos Árabes Unidos donde se usa un mix de Sharia law, civil y common law. Brunei es más duro y aplica mayoritariamente Syariah law (su interpretación de Shariah) y a nivel financiero Common law e islamic banking services. No hace mucho estuvo en las noticias por haber pasado una ley que permite ejecutar a homosexuales.

A diferencia de otros países, Reino Unido posee varios centros offshore muy cerca de casa, de hecho el principal se encuentra “onshore” y es The city of London. Para los que no lo tienen claro, The city of London se encuentra en London city. The city, for shorts hoy día es un barrio, centro financiero que tiene un marco legal diferente al resto de la ciudad y el país donde se encuentra y se l considera una corporación. A punto tal que el Mayor of London tiene que pedir permiso al Lord Mayor quien es un Aldermen y es el miembro superior del Aldermen court quienes a su vez son los principales miembros que aprueban Livery corporations of freemen. Y si, si quieren tienen tiempo y dinero pueden obtener un certificado oficial de la City of London corporation estableciendo que son Freemen de una livery corporation para lo cual primero deben ser Livery men.

En The City hay cantidades de bancos y establecimientos financieros cuales ofrecen servicios a HNWI y UHNWI, High and Ultra High Net Worth Individuals en forma de banca privada o family offices. El banco más antiguo de Inglaterra con única sucursal y no asociado con ningún otro banco de una network se encuentra ahí. La familia que lo fundo todavía lo administra.

Los otros centros de banca internacional en el país son las islas del Canal de la Mancha. En particular, Isle of Man, Jersey, The Bailiwick of Guernsey, Stark y Gibraltar.

Considerando que la mayoría de los interesados en el sub son gente que no tiene 5 millones de libras para invertir, (y si este fuese el caso no se que haces leyéndome) me voy a concentrar en productos accesibles al usuario retail normal, voy a evitar The City of London y nos vamos a concentrar en las islas.

Regulacion:
Desde el 2016 hay dos grandes diferencias entre bancos en las islas y bancos “onshore”. Después de la crisis del 2008 se pasó legislación para separar los bancos offshore y banca de inversión de los bancos retail tradicionales para proteger a los ahorristas.
Ringfencing, es el termino que se aplica y lo que separa a los bancos a los que podemos acceder de los cuales están reservados para residentes y compañías residentes. Non-ringfenced Banks incluye los bancos de las islas aunque no todos. Algunos bancos son pura y exclusivamente para hacer servicing a no residentes y otros como el Caso de LLoyds, NatWest, HSBC extecera tienen dos sitios diferentes para residentes en la isla (ringfenced) y no residentes (non-ringfenced). Ringfence me suena a corralito en lo personal pero nada por el estilo.

CRS: Si. Consecuentemente tienen que declarar sus cuentas a la AFIP.

Taxation: No hay impuestos a los depósitos en ninguna moneda, taxacion transparente o “pass through”, pagan intereses y dividendos lump sum y es el deber del cliente declararlo y pagar las tasas correspondientes en su pais de residencia. Esto de por si, a nivel impositivo es muy superior a EEUU para establecer una relación bancaria. No hay widthholding tax.
En este aspecto funciona como las UK LP o LLPs, ya que estas también son passthrough entities y los impuestos se pagan en la jurisdicción de residencia donde el partner miembro reside. Muy útil a la hora de no ser taxeable dos veces si hay carencia de DTA

Divisa: Depende de la institución pero en general mínimo 3 diferentes divisas, GBP, USD, EUR. Siendo que la mayoría de los bancos lidian con clientes internacionales es común encontrar divisas mas exóticas. Las comunes en general son CHF, HKD, SGD, ZAR.

Control de capitales: No.

Inversiones: Si, dependiendo de la institución habrá más o menos variedad disponible. Existen plazos fijos reales y no certificados de depósito. Si invierten en un fondo radicado offshore en la misma u otra isla británica la taxación va a funcionar de manera similar. En general como ya se que tienen en cuenta, invertir en el banco es más caro que invertir via bróker.

Depositors Insurance: Si, cada isla tiene regulación diferente. No es el mismo deposito que existe en los bancos onshore (ringfenced) ofrecido via FSCS. Pero existe y cubre 50.000 GBP o equivalente x entidad Máximo 100,000,000 GBP en un periodo de 5 años. Si la cuenta esta a nombre de dos personas, es el doble. Limitaciones: Existen, dependiendo residencia, nacionalidad y profiling. Si bien no hay problema con ser Argentino, no todos los bancos tienen licencia para operar con clientes Argentinos. Si uno tiene la suerte de ser ciudadano europeo la mayoría de estas limitaciones desaparecen inclusive si se es residente en Argentina.

SEPA: Si! Es uno de los mejores beneficios. Euro offshore + créditos y débitos SEPA sin costo en la mayoría de los casos. Si estás pensando en crypto, estas en lo correcto. Olvidate de pagar 50 a 90 dolares por una transferencia SWIFT en dólares. Welcome SEPA, gratis o menos de 0.9 Euro.

Costo: En general es más barato mantener y utilizar una cuenta en Channel islands que en EEUU. Por la sola razón que se encuentran fuera de Estados Unidos las transferencias (dependiendo de arreglos bancarios personales) muy probablemente utilicen correspondent Banks. Por otro lado desde Argentina ya deben estar acostumbrados a ese costo. En USD las transferencias van a tener que ser todas SWIFT, no existe el ACH fuera de EEUU. En GBP siendo la moneda del pais hay varios tipos diferentes de transferencias entre entidades. Los costos varían pero en general son gratuitas. Pagos CHAPS entre las islas pueden ser más caros, pero pueden evitarse simplemente no usando ese protocolo.

Bancos:
Esta lista no va pretende cubrir todas las instituciones disponibles y les recomiendo que siempre hagan averiguaciones por su cuenta. Mi situación es y puede ser diferente a la de ustedes y siempre haya cosas nuevas que podemos compartir.
Siempre revisen los costos, ya que pueden variar de gran manera de una entidad a la otra.

Standard Bank international
https://international.standardbank.com/
Algunos lo deben recordar de cuando estaba presente en Argentina. Fue el banco que compro Bank Boston y es el banco más grande de Sud Africa. Yo entiendo que esto para muchos suena a descarte instantáneo.
Es una entidad separada de la sudafricana de la misma manera que HSBC en Hong Kong es completamente diferente a HSBC en Inglaterra o Argentina.
Deposito mínimo: £2000 o 3000 USD/EUAUD
Balance mínimo: £0.
Costo Mensual: £0.
Underfunding: £0 o £60 dependiendo de la cuenta.
Divisas: GBP, USD, EUR, AUD.
Tarjetas de débito: Si, una por divisa GBP, USD, EUR. No todas las demás ofrecen tarjetas.
Tarjetas de crédito: No.
Divisas exoticas: ZAR, DKK, JPY, CAD, NOK, SEK, CHF, AED, HKD, NZD, SGD.
Limitaciones: Si, Argentinos residentes en Argentina no son aceptados. Sin embargo si son ciudadanos de algún otro país y residen en Argentina no hay problema. En la página se puede chequear.

Santander International
https://www.santanderinternational.co.uk/
El mismo banco que se encuentra en Argentina de capitales Españoles pero versión offshore.
Deposito mínimo: £75000 o equivalente.
Balance mínimo: N/A.
Costo Mensual: £0.
Underfunding: £0.
Divisas: GBP, USD, EUR.
Tarjetas de débito: Si, una por divisa GBP, USD, EUR.
Tarjetas de crédito: No.
Divisas exóticas: No.
Notas extra: Disponible en Isle of Man y Jersey
Limitaciones: En el momento que hable con ellos no pregunte directamente si había limitaciones con respecto a residencia en Argentina. Siendo que el banco tiene presencia en Argentina sería interesante saber si es posible abrir una cuenta via las sucursales en Argentina (lo dudo ya que HSBC no ofrece este servicio en el pais) o si pueden al menos ayudar a certificar la documentación.

Lloyds bank International
https://international.lloydsbank.com/
Uno de los tantos bancos que se perdieron en Argentina después del 2001. También se fueron de Uruguay cuando endurecieron la banca IFE. después del 2008 se achicaron en gran medida y cerraron la mayoría de sus sucursales internacionales. En Reino Unido siguen firmes.
Deposito mínimo: Depende de la cuenta £500, 5000 USD/GBP, £50.000 o equivalente.
Balance mínimo: N/A.
Costo Mensual: Depende de la cuenta desde £0 hasta £7.50, €8, US$10.
Underfunding: N/A.
Divisas: GBP, USD, EUR.
Tarjetas de débito: Si, una por divisa GBP, USD, EUR.
Tarjetas de crédito: No para clientes offshore. Si residiste en UK y mantenes tu tarjeta una vez que dejas el país podes mantenerla
Divisas exóticas: Si.
Notas extra: Disponible en Isle of Man, Jersey y Gibraltar. Los plazos fijos son únicamente anuales. Solo las cuentas corrientes en GBP tienen acceso via la aplicación. De hecho la cuenta corriente en GBP tiene una plataforma de internet banking separada. Un poco engorroso.
Limitaciones: Argentinos residentes en Argentina no, doble ciudadanos si residentes en Argentina si, no solo ciudadanos Europeos. Argentinos residentes en otras jurisdicciones si. Una nueva regla desde que UK eligio no ser parte de la Unión Europea, si uno se vuelve residente en la EU, no te pueden ofrecer servicio. Y ahí es donde se encuentra el caveat principal, no te pueden ofrecer servicio, pero si la apretura de cuenta precede tu residencia en la EU, podes mantener la cuenta y te ofrecen servicios con respecto a esa cuenta. Pero no se puede abrir nuevas cuentas ya sea de inversión o cuentas en otras divisas.

HSBC Expat (Previamente HSBC Offshore markets limited)
https://www.expat.hsbc.com
Mas allá de las criticas que se hacen al servicio de HSBC Premier, está a mi criterio es su versión más interesante.
Deposito mínimo: £75.000 50.000 GBP o equivalente, depósitos o inversiones.
Balance mínimo: £5,000, US$5,000 o €10,000.
Costo Mensual: £0.
Underfunding: £35.
Divisas: GBP, USD, EUR.
Tarjetas de débito: Si, una por divisa GBP y USD.
Tarjetas de crédito: Si, hay variedad todas en GBP excepto las tarjetas American Express donde hay alternativa en Euros.
Divisas exóticas: Si, 15. AUD, CAD, DKK, HKD, HUF, JPY, NZD, NOK, PLN, RMB*(en realidad CNY)*, ZAR, SEK, CHF, SGD,THB, AED. En otras jurisdicciones ofrecen mas, info mas adelante.
Notas extra: Disponible en Jersey unicamente.
Limitaciones: La cuenta en Euros no es SEPA, aunque pueden abrir luego una cuenta HSBC en un pais en EU y pueden mover fondos desde Expat a Onshore instantaneamente sin costo y luego usar la cuenta onshore para las transferencias SEPA, es un workaround mas que una solucion honestamente. HSBC como todo banco de origen Asiático es un banco risk averse, sin embargo en el mundo occidental suelen ser bastante menos severos. En Argentina no se puede hacer uso de Global view y global transfers pero hay un pequeño hack que no mucha gente se ha percatado. Si bien el deposito mínimo es alto, solía ser más alto. Si alguno de Uds. Es cliente Premier en Argentina el mínimo es algo de 20.000 USD o equivalente. Atencion que en Argentina tiene Premier y Premier black, cosa que en el resto del mundo no existe. Por lo que yo vi, Premier Black es el Premier ofrecido normalmente en otras jurisdicciones. Y esa es su ventana, HSBC Premier en otros países tiene un menor entry level. En EEUU en este momento son 75.000 USD y hay que pagar impuestos federales. Al cambio, en Expat hoy día uno puede parkear depósitos e invertir en los fondos HSBC offshore por 60.000 USD en USD sin pagar los federal taxes porque no aplican. Sin embargo si realmente necesitan una cuenta en USA por alguna razón, solo tienen que enviar un email a su relationship manager y pedirla. Una charla telefónica después y unos días, reciben el welcome pack en el correo. Pueden hacer lo mismo con casi cualquier otra jurisdicción. Inclusive, más allá de que lo nieguen en las sucursales, Argentina. “Premier in one Premier in all” es valido en Argentina. Si uno es cliente Premier en otra jurisdicción, puede hacer uso del mismo servicio para abrir una cuenta Expat ya que si se califica en una jurisdicción es suficiente. Si es una jurisdicción como en el caso de Argentina, pueden pedir que deposites mas fondos en tu nueva cuenta.

Hay otros bancos?
Si, hay montones más. No en todas las islas estan los mismos asi que pueden ir investigando. Muchos que van a reconocer y otros que no tanto. Algunos de estos nunca tuve relación pero los incluyo por si quieren ver que ofrecen.

Barclays Bank International
https://international.barclays.com/
Ya no acepta clientes de Argentina lamentblemente.

Investec International
https://www.investec.com/en_gb/banking/offshore-bank-account.html
Otro banco Sudafricano. Tengo conocidos Sudafricanos que lo usan offshore porque usaban Investec en Sudafrica. En el momento que lo entonces me resulto un poco caro de operar en comparación a otras ofertas.

Natwest International (Tambien conocido como National Westminster bank y en el pasado conocido en IoM como RBS Offshore)
https://www.natwestinternational.com/personal/products/international-customers.html

First National Bank (FNB)
https://www.fnbci.co.uk/
Otro banco Sudafricano con depositos minimos bajos pero fees altos.


Hay otras entidades? Aceptan Argentinos?
Si, hay montones mas de entidades, no las use a todas y algunas tienen fines particulares tipo banca privada o trusts (fideicomisos). Otros bancos son unicamente corporativos o business banking. Incorporar una Limited Partnership en Reino Unido puede ser un buen vehiculo para no pagar impuestos de manera doble dependiendo de cuanto uno facture. Pueden buscar bancos en las islas y los discutimos entre todos. No tengo conocimiento de absolutamente todos lose servicios disponibles y me imagino que algunos de ustedes buscaran servicios que les sean relevantes a sus actividades.

El futuro, Alternativas Fintech:
Este es el segmento donde todo está cambiando y rapido. Debido al passporting de ofrecimientos en la Union Europea muchos servicios que se ofrecen en Europa están domiciliados en Reino Unido y viceversa.
Algunos de estos servicios estaban disponibles para no residentes anteirormente (Monzo, Monese) pero desde que obtuvieron su licencia bancaria desistieron. La razón principal es que antes estaban operando via passporting de servicios y en preparación al Brexit, se localizaron porque no va ser posible hacer passporting. A los que no les intereso hacer eso (Fidor bank por ejemplo, el banco Aleman pero UK Branch) directamente dejo el pais. Duraron 3 años y medio.
Transferwise es un ejemplo de una emperesa que todos deben conocer. La compañía está basada en Estonia sin embargo su cuenta USD y oficina principal es en Carnary Wharf, la extensión de The City of London.
Ahora lo que hay que entender es que la mayoría de las instituciones, si bien están reguladas por la FSCS no son bancos. Son lo que en Europa se llama EMIs Electronic Money Institutions. Los depósitos solo están asegurados si esta anunciado explícitamente. Como se imaginan a esta altura, visto que estos servicios están basados en Reino Unido onshore, están ringfenced y no deberían tomar como clientes a no residentes.

Transferwise borderless
Deben conocerla ya, ayer de casualidad un usuario me comento que desde Argentina ya no se puede obtener cuentas en USD. Por el momento no conozco limitación tal para GBP/EUAUD/NZD. Sin embargo la tarjeta de debito creo que no se ofrece en Argentina.
Si poseen un pasaporte Europeo, y pueden producir una dirección de correo físico (familiaamigo/remailer) doy fe que se puede obtener la tarjeta. Esto no es un área gris de la reglamentación, en realidad va en contra de los términos y condiciones.
Para el resto de los servicios transferwise de transferencias y holding de divisas no es necesario mucho mas.
No son crypto friendly, si es lo que se busca, necesitan una cuenta similar a las que discutimos anteriormente.

Monzo
Banking license: Si.
Depositors insurance: Si. £85.000.
Regulado por FSCS. Se puede en teoría abrir una cuenta via la app sin ser residente fiscal en UK pero se necesita una dirección en UK.

Starling
Banking license: Si.
Depositors insurance: Si. £85.000.
Situacion similar a Monzo, tambien regulado por FSCS. Se puede en teoría abrir una cuenta via la app sin ser residente fiscal en UK pero se necesita una dirección en UK.

Tandem, Plum, Atom, Loot, Chip son alternativas similares y en general todas requieren residencia, los Fintech con ofrecimientos más abiertos van a estar en el artículo de Europa.
Algo interesante para tener en cuenta sobre estas alternativas Fintech al menos en el caso de Reino Unido es que en la mayoría de los casos, los términos y condiciones no solo no toman no residentes, sino que al momento de viajar, algunas requieren darte un permiso para usar sus productos.

Donations.
Token Wallet address BTC 19xvUdQoZosrzYKNaTCK834zRkg5Bogop BCH qqqmyqjspnq0fazk9wvv0elc8vxdp2rkvgfqs3s87x LTC LKNvBgwEtE3w7oEUYiSVb96qCe7xFDBvp8 ETH/DAI 0x1cbbcf2ca8849893ad7feac5ef5c735f6d91fa4e XMR 44AXEt8ZkmjgGuUrPaoNTzBGhp92L3HozSYxAip7dz8qL6A3neJBriLRSjC8Qnam4tEhfw2yXzcXsbZ2dJiWHDC7Ji8nBvx 
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2016.06.06 15:01 ShaunaDorothy Los obreros deben barrer con los principitos y líderes del PCCh - Por qué China no es capitalista - China: cáncer burocrático carcome al estado obrero (Junio de 2014)

Espartaco No. 41 Junio de 2014
El pasado noviembre, Zhou Yongkang, antiguo miembro del Buró Político del Partido Comunista Chino (PCCh), fue puesto bajo arresto domiciliario como parte de una investigación por corrupción. Como dirigente del aparato de seguridad chino, antes de su retiro Zhou supervisaba un departamento gubernamental con un presupuesto enorme. Después de que a su familia y asociados se les confiscaran bienes con valor de 14 mil 500 millones de dólares, el New Yorker (2 de abril) observó: “los servidores públicos chinos y sus asociados han acumulado una reserva mayor que todo el producto interno bruto de Albania”.
El 31 de marzo, el teniente general Gu Junshan, quien previamente fuera jefe adjunto del Departamento General de Logística del Ejército de Liberación Popular, fue indiciado por soborno, peculado y abuso de poder. Gu ha sido acusado de usar su control sobre la distribución de contratos de vivienda, infraestructura y suministros para las fuerzas armadas de China —que cuentan con 2.3 millones de efectivos— para hacer para sí y para su familia una fortuna, que incluye bienes raíces, obras de arte y artículos de lujo como una estatua de oro puro del presidente Mao, fundador de la República Popular China.
El 19 de abril, Song Lin, director de Recursos de China, fue cesado por acusaciones de haber malversado mil 600 millones de dólares en fondos, aceptado sobornos y haber lavado dinero a través de su amante, una de las banqueras de inversiones de alto rango de la oficina en Hong Kong del banco suizo UBS. Recursos de China es una de las mayores empresas estatales del país, con bienes que valen más de 120 mil millones de dólares.
Éstos son sólo unos cuantos ejemplos escogidos de la corrupción masiva que tiene lugar en la cima del estado obrero que se estableció con la Revolución China de 1949. Mientras los altos burócratas del PCCh siguen enriqueciéndose, muchos de sus descendientes han convertido su posición social privilegiada en lugares entre la élite empresarial. En una investigación sobre los descendientes de los altos funcionarios del PCCh en 2012, Bloomberg News rastreó las fortunas de 103 herederos de los “Ocho Inmortales” del PCCh que llegaron al poder político en el periodo que siguió a la muerte de Mao en 1976. De estos “principitos”, 43 se han vuelto capitalistas en el espacio que abrieron las “reformas de mercado” del régimen, obteniendo la propiedad privada de fábricas, firmas de inversión y proyectos inmobiliarios. Algunos lanzaron empresas conjuntas con compañías extranjeras; otros aceptaron puestos ejecutivos en bancos de inversión extranjeros.
Bloomberg señala que “el estilo de vida de algunos miembros de la tercera generación sigue al de la clase acomodada global, la gente con la que estudiaron en internados suizos, británicos y estadounidenses” (“Heirs of Mao’s Comrades Rise as New Capitalist Nobility” [Herederos de los camaradas de Mao surgen como nueva nobleza capitalista], 26 de diciembre de 2012). Tras haberse codeado en las escuelas y universidades de élite con los descendientes de gobernantes capitalistas de Estados Unidos y Europa, los principitos se posicionaron para servir como intermediarios del imperialismo mundial en China. Esto no le pasó por alto a JPMorgan Chase y otros grandes bancos de inversión estadounidenses, que recibieron algo de mala publicidad en EE.UU. por contratar parientes de funcionarios chinos bien conectados con el fin de abrirse puertas para sus inversiones en la China continental.
El derrocamiento del dominio capitalista en 1949 sentó las bases de una economía planificada y colectivizada que produjo enormes conquistas sociales para las masas obreras y campesinas. Pero esa revolución, llevada a cabo por un ejército guerrillero campesino, estuvo deformada desde su origen por el dominio de la burocracia del PCCh, que tomó como modelo a la Unión Soviética bajo Stalin. Más de seis décadas después, el cáncer burocrático carcome cada vez más el tejido del estado obrero, fomenta una base nacional para la contrarrevolución y mina la defensa de China frente a Estados Unidos, Japón y otras potencias imperialistas.
¡Defender a China! ¡Por la revolución política obrera!
La mayoría de los izquierdistas toman el desarrollo de una clase de empresarios burgueses y de una pequeña burguesía urbana acomodada en la China continental, así como la sempiterna corrupción entre los funcionarios del PCCh, como pruebas de que China ha vuelto al capitalismo. Expresando una pregunta que nuestros camaradas escuchan con frecuencia, un lector de WV nos escribió el año pasado: “Ustedes de la Spartacist League tienen a China por un estado obrero deformado y la consideran como no capitalista. Explíquenme por qué China, un ‘estado socialista’, tiene un índice de Gini tan alto, superior al de decenas de países capitalistas”. Frecuentemente usado por los economistas burgueses, el índice de Gini mide el grado de desigualdad en los ingresos o en los gastos de consumo de países particulares.
China no es una sociedad capitalista. Existe, ciertamente, una incipiente clase capitalista, ligada a los imperialistas por sus intereses económicos y a muchos líderes del PCCh por lazos de sangre. Si bien esta capa plantea un grave peligro potencial de restauración capitalista, no tiene el poder estatal. China sigue siendo un estado obrero burocráticamente deformado similar al antiguo estado obrero degenerado soviético, así como a los actuales Vietnam, Cuba, Corea del Norte y Laos. Todas estas sociedades estuvieron o están basadas en formas de propiedad colectivizadas.
La burocracia estalinista no es una clase —es decir, un estrato social con su propia relación única con los medios de producción— sino una casta parasitaria que ocupa una posición inestable en la cima del estado obrero. En China, muchos funcionarios del PCCh se aprovechan de sus posiciones administrativas, desviando fondos y recibiendo regalos a cambio de favores y funcionando como intermediarios de los imperialistas. Pero hay momentos en que la burocracia se ve obligada a defender al estado obrero a su manera, ya sea con el fin de mantener sus propios privilegios o para prevenir una revuelta de la clase obrera.
El estado controla el comercio exterior y regula los mercados de capital y las divisas, al determinar los créditos de acuerdo a cuotas y no de acuerdo al mercado. El núcleo de la economía sigue colectivizada, pues las empresas estatales controlan el 90 por ciento de los activos en petróleo, electricidad, comunicaciones y otros sectores clave. En cada compañía privada, incluyendo las operaciones de propiedad extranjera, hay una célula del PCCh con la facultad de vetar decisiones. Si bien el gobierno le ha abierto mucho la puerta a la inversión capitalista y a las fuerzas del mercado, mantiene estrictos controles sobre la clase capitalista, que no puede formar partidos políticos y está sometida a una estricta censura. Esto, desde luego, también se aplica a la clase obrera: el PCCh vería su legitimidad desafiada por el desarrollo de todo movimiento obrero fuera de su control.
Pese a su deformación burocrática, el estado obrero chino demuestra la superioridad de la economía colectivizada sobre la producción capitalista por ganancia. En poco tiempo, la Revolución China de 1949 llevó a inmensas conquistas para los obreros, los campesinos, las mujeres y todos los desposeídos. Desde entonces, China ha pasado de ser un país campesino y atrasado a uno mayoritariamente urbano y capaz de poner un vehículo explorador en la Luna. Pese a la gran brecha entre los burócratas ricos y los principitos por un lado y la clase obrera y los campesinos por el otro, más de 600 millones de personas han salido de la pobreza en las últimas tres décadas. Hoy, la población come en promedio seis veces más carne que en 1976 y 100 millones de personas han cambiado la bicicleta por el automóvil. Tras haber acabado con la atención médica garantizada en nombre de las “reformas de mercado”, el régimen ha gastado el equivalente a 180 mil millones de dólares en mejorar la atención médica desde 2009. Ahora, el 99 por ciento de la población rural, incluyendo a los trabajadores migrantes, tiene acceso a un seguro médico básico.
Compárense estas conquistas con la indescriptible miseria y desesperación que definen la vida de cientos de millones de pobres urbanos y rurales en la India: ésa es la respuesta resumida a todos los que se reivindican socialistas y retratan a China como capitalista o en el camino a serlo. También es un argumento poderosamente claro a favor de nuestro programa trotskista de defensa militar incondicional de China y los otros estados obreros deformados frente al imperialismo y la contrarrevolución interna.
Sólo en el último trimestre, mientras el mundo capitalista seguía estancado, la economía china se expandió en un 7.4 por ciento, que se suma a muchos años de notable desarrollo. Sin embargo, el explosivo crecimiento económico de China, por impresionante que sea, no es augurio de un progreso constante hacia el socialismo —una sociedad de abundancia material basada en el nivel más alto de tecnología y recursos—. La modernización y el desarrollo generales de China, incluyendo a sus áreas rurales, exigen la ayuda de la revolución proletaria en los países capitalistas avanzados, que preparará la escena para una economía socialista globalmente integrada y planificada. La burocracia del PCCh, cuyo programa se basa en el dogma estalinista nacionalista de construir el “socialismo en un solo país”, siempre se ha opuesto a esta perspectiva.
Hoy, los voceros del PCCh afirman que China ha avanzado mucho en el camino de convertirse en una “superpotencia” económica global para mediados del siglo XXI. Esta opinión pasa por alto las vulnerabilidades de China en su relación con el mercado capitalista mundial y la implacable hostilidad de las burguesías imperialistas, empezando por la clase dominante estadounidense. Además, ignora la inestabilidad interna de la sociedad china. Con una enorme brecha entre los corruptos funcionarios públicos, los empresarios capitalistas y la pequeña burguesía privilegiada, por un lado, y los cientos de millones de proletarios —de empresas tanto estatales como privadas— y campesinos pobres por el otro, China lleva años experimentando un alto nivel de huelgas y luchas sociales contra las consecuencias del mal gobierno burocrático.
Este fermento señala al potencial de una revolución política proletaria que barra con el régimen estalinista y lo remplace por un gobierno de consejos (soviets) obreros y campesinos. Como escribió en 1938 el líder bolchevique León Trotsky en el Programa de Transición —documento programático fundacional de la IV Internacional— con respecto a la Unión Soviética: “o la burocracia se transforma cada vez más en órgano de la burguesía mundial dentro del Estado obrero, derriba las nuevas formas de propiedad y vuelve el país al capitalismo; o la clase obrera aplasta a la burocracia y abre el camino hacia el socialismo”.
Parásitos y principitos
La burocracia del PCCh está sometida a enormes contradicciones. Aunque resguarda celosamente sus privilegios, no es dueña de los medios de producción ni dispone de los métodos de control social que posee una clase capitalista dominante. Su poder deriva de su monopolio político del aparato gubernamental. La explicación que dio Trotsky de las raíces materiales del régimen estalinista soviético en La revolución traicionada (1936) aplica con toda su fuerza a China:
“La autoridad burocrática tiene como base la pobreza de artículos de consumo y la lucha de todos contra todos que de allí resulta. Cuando hay bastantes mercancías en el almacén, los parroquianos pueden llegar en cualquier momento; cuando hay pocas mercancías, tienen que hacer cola en la puerta. Tan pronto como la cola es demasiado larga se impone la presencia de un agente de policía que mantenga el orden. Tal es el punto de partida de la burocracia soviética. ‘Sabe’ a quién hay que dar y quién debe esperar”.
Observando que la apropiación por parte de la burocracia “de una inmensa parte de la renta nacional es un hecho de parasitismo social”, Trotsky escribió:
“Al desarrollar las fuerzas productivas —al contrario del capitalismo estancado—, ha creado los fundamentos económicos del socialismo. Al llevar hasta el extremo —con su complacencia para los dirigentes— las normas burguesas del reparto, prepara una restauración capitalista. La contradicción entre las formas de la propiedad y las normas de reparto no puede crecer indefinidamente. De manera que las normas burguesas tendrán que extenderse a los medios de producción, o las normas de reparto tendrán que concederse a la propiedad socialista”.
Como ocurría en la URSS de Stalin, si bien los burócratas del PCCh y su progenie de principitos se alimentan de los recursos públicos, se ven limitados por las restricciones legales a la riqueza privada. Ilustrando un aspecto de este fenómeno, el Financial Times (28 de noviembre de 2012) escribió: “El que los derechos de propiedad no se puedan dar por sentados ha hecho que se vuelva un problema la fuga de capital”, incluyendo dinero desviado a paraísos fiscales extranjeros. Otro conducto es canalizar fondos a través de familiares que viven en el exterior. Según un informe interno del Departamento de Organización del PCCh, el 76 por ciento de los altos ejecutivos de las 120 principales compañías estatales chinas tienen familiares inmediatos que viven en el extranjero o tienen pasaportes extranjeros. En una columna del New York Times (11 de mayo), el autor chino Yu Hua informó cómo los funcionarios corruptos tienden a esconder su dinero en lugar de ponerlo en el banco, por miedo a ser descubiertos. Entre los casos famosos está el de uno que escondió 25 millones de yuanes en cajas de seguridad, otro que escondió efectivo en cajas de cartón en el baño de su departamento y un tercero que usó un árbol hueco, una letrina y otros lugares.
De las 500 protestas, disturbios y huelgas que, según se calcula, tienen lugar cada día en China, muchos tienen por detonante la rabia contra funcionarios que lucran haciendo profesión de fe de ideales comunistas. Una de las respuestas del régimen ha sido encubrir el grado en que los recursos del estado obrero se han desviado para beneficio de estos parásitos. En su investigación de 2012, Bloomberg señaló que los controles estatales sobre los medios de comunicación e Internet ayudan a ocultar de la vista los negocios de burócratas y principitos, mientras los documentos oficiales oscurecen a los culpables usando múltiples nombres en mandarín, cantonés e inglés. Como vocero del capital financiero, Bloomberg News sabe bien que esas prácticas no son nada comparadas con el saqueo que llevan a cabo las clases dominantes de los países capitalistas, como hace unos años, cuando cientos de miles de millones de dólares se destinaron a los patrones corporativos de compañías automotrices y bancos en quiebra en EE.UU.
Tras tomar posesión en 2013, el presidente chino Xi Jinping lanzó una campaña para “limpiar a fondo” la corrupción del PCCh. Según la Inspección de la Comisión Central de Disciplina del PCCh, más de 180 mil funcionarios del partido fueron castigados por corrupción y abuso de poder el año pasado, y 31 líderes importantes están siendo investigados. Aquí sin duda las maniobras políticas cumplen un papel: el funcionario purgado Zhou Yongkang es un conocido adversario fraccional de Xi, y en el PCCh hay una tradición que se remonta a Mao de usar campañas anticorrupción para deshacerse de rivales.
El gobierno de Xi también quiere ayudar a estabilizar la sociedad china moderando los despliegues ostentosos de riqueza y privilegios. Su campaña ha incluido un ataque contra el gasto suntuario. En enero se cerraron los clubes exclusivos que operaban en parques públicos de Beijing, Hangzhou, Changsha y Nanjing, con una declaración oficial que afirmaba: “Los edificios deben usarse para darle servicios al público en general, y no a unos pocos privilegiados” (Xinhua, 17 de enero). Se le ha prohibido a los funcionarios ofrecer banquetes ostentosos y los autos de lujo ya no pueden llevar placas militares. Una campaña como ésta sería sencillamente inconcebible en Estados Unidos, donde el “derecho” de la clase dominante capitalista a su riqueza obscena, y a disponer de ella a voluntad, está consagrado en la ley.
Un énfasis particular de la campaña anticorrupción de Xi ha sido el modo en que el desperdicio, el fraude, el nepotismo y la compraventa de grados daña la efectividad militar. Al poco tiempo de tomar posesión, Xi atribuyó en parte el colapso de la Unión Soviética a la pérdida de control de las fuerzas armadas por parte del Kremlin bajo Mijaíl Gorbachov. La limpieza de Xi ha incluido medidas contra el soborno, auditorías y sesiones de crítica; grandes simulacros para mejorar la “disposición a la batalla”; y planes polémicos para reformar la anquilosada y obsoleta estructura del ejército.
Al defender a China, apoyamos el desarrollo de un ejército efectivo y avanzado. Sin embargo, el propio Xi es el dirigente del régimen burocrático que pone en peligro al estado obrero en su utópica búsqueda de una “coexistencia pacífica” con el imperialismo. Los imperialistas no aspiran más que a derrocar la República Popular China y a reconquistar el territorio continental para explotarlo ilimitadamente. Para ello recurren a presiones tanto económicas como militares, como lo ejemplificó el “pivote” asiático del gobierno de Obama y las provocaciones militares de Estados Unidos y Japón en el Mar Meridional de China.
El espectro de Tiananmen
En el momento de su revolución, China era cualitativamente más pobre y atrasada aun que la Rusia zarista cuando los bolcheviques dirigieron una revolución obrera en octubre de 1917. Bajo la dirección de Lenin y Trotsky, los bolcheviques sabían que semejante atraso sólo podría superarse si la revolución se extendía a los países industriales avanzados. Este entendimiento le es completamente ajeno a la perspectiva estalinista del “socialismo en un solo país”, una ideología falsa que la burocracia del PCCh, de Mao Zedong a Xi Jinping, ha compartido.
La desigualdad en China empezó a crecer rápidamente tras la Revolución Cultural de Mao, una amarga lucha intraburocrática lanzada en 1966 que sumió en el caos la vida económica y social del país. Tras haberse beneficiado de la ayuda soviética durante la década que siguió a la Revolución de 1949, China empezó a buscar cada vez más autarquía económica cuando las burocracias china y soviética se enfrentaron. Para principios de los años setenta, Beijing había entablado una alianza traidora con el imperialismo estadounidense contra la Unión Soviética, a la que Mao fustigaba como “socialimperialista”.
Manteniendo sus propios privilegios, la burocracia bajo Mao promovió un modelo de “igualitarismo”, que equivalía a la necesidad generalizada entre las masas, basado en la todavía atrasada base industrial china. Cuando tomaron las riendas tras la muerte de Mao, los Ocho Inmortales, dirigidos por Deng Xiaoping, recurrieron al látigo del mercado para aumentar la productividad económica. Con la invitación a las empresas imperialistas occidentales y japonesas, así como las empresas chinas del exterior, a invertir en sectores designados del territorio continental, la economía se recuperó, pero al costo de una desigualdad muy profundizada y del crecimiento de las fuerzas procapitalistas al interior de China.
Hace 25 años, la ira popular contra la inflación, la corrupción de los funcionarios, el surgimiento de los principitos y el asfixiante control político de la burocracia estalló en protestas masivas centradas en la Plaza Tiananmen en Beijing. En abril de 1989, un grupo de estudiantes de la Universidad de Beijing dejaron en la plaza una corona de flores en honor de Hu Yaobang, quien había muerto poco antes y era considerado relativamente abierto a las protestas estudiantiles y uno de los pocos funcionarios del PCCh que no era corrupto. Para el momento del funeral de Hu una semana después, se había reunido una masiva protesta estudiantil que comenzaba a atraer contingentes obreros. Si bien sectores de los manifestantes estudiantiles deseaban una democracia capitalista estilo occidental, las protestas estuvieron dominadas por el canto de La Internacional —el himno del proletariado internacional— y otras expresiones de conciencia prosocialista. Las protestas se transformaron en un torrente masivo de la clase obrera en contra de la burocracia y los efectos de sus “reformas de mercado”.
Durante casi dos meses, el gobierno fue incapaz de contener las protestas, que se convirtieron en una revolución política incipiente. Los obreros organizaron sus propias guardias de defensa. Incluso la policía se unía a las manifestaciones, un claro reflejo de la diferencia de clase entre un estado obrero y un estado capitalista. La primera unidad del ejército convocada para aplastar las manifestaciones se negó a hacerlo conforme los obreros fraternizaban con los soldados. No sólo los conscriptos, sino también los oficiales de carrera e incluso algunos dirigentes del régimen se pusieron de parte de los manifestantes: un indicio de la naturaleza de la burocracia como una casta frágil. El régimen finalmente encontró unidades leales y las usó para aplastar el levantamiento, con la masacre, especialmente de trabajadores, que tuvo lugar en Beijing los días 3 y 4 de junio. En protesta, estallaron huelgas masivas y el tumulto se extendió al menos a 80 ciudades a lo largo de China.
Lo que faltó decisivamente en mayo-junio de 1989 fue un partido obrero genuinamente comunista —es decir, leninista-trotskista— que luchara por dirigir a los obreros al poder político. Al reconquistar el control, la burocracia no atacó principalmente a los estudiantes, sino al proletariado. A los obreros arrestados se les hizo desfilar por las calles y muchos fueron fusilados.
Corrupción, lucro, represión política, desigualdad: 25 años después, los males que llevaron a estudiantes y obreros a protestar en masa han vuelto con fuerza renovada. Al mismo tiempo, el crecimiento económico ha integrado nuevas capas de la población a la clase obrera. Los migrantes del campo han afluido a los empleos de la industria ligera y manufacturera en áreas urbanas, donde sufren una discriminación sistemática. Mientras tanto, la renovada inversión en la industria estatal ha fortalecido la posición de los obreros de ese sector. Debido a la lucha combativa de los obreros y la escasez de mano de obra, los salarios han aumentado dramáticamente. En una muestra reciente de combatividad obrera, diez mil empleados de la fábrica de calzado Yue Yuen, en la ciudad meridional de Dongguan estallaron una huelga el 14 de abril exigiendo que la compañía taiwanesa pague los montos completos de seguridad social y compensación de vivienda que manda la ley. Tras una combinación de promesas y represión por parte de la compañía y el gobierno, los obreros volvieron al trabajo.
La devastación que trajo consigo la contrarrevolución capitalista en la Unión Soviética y Europa Oriental no le pasó desapercibida al proletariado chino, que tiene el poder y el interés objetivo de barrer con el mal gobierno burocrático. Como escribimos en “Las ‘reformas de mercado’ en China: Un análisis trotskista” (Espartaco No. 27, primavera de 2007):
“En algún punto, probablemente cuando los elementos burgueses de dentro y alrededor de la burocracia se movilicen para eliminar el poder político del PCCh, las múltiples tensiones sociales explosivas de la sociedad china harán estallar en pedazos la estructura política de la casta burocrática gobernante. Y cuando eso pase, el destino del país más poblado de la Tierra será planteado agudamente: ya sea por una revolución política proletaria que abra el camino al socialismo o el regreso a la esclavitud capitalista y la subyugación imperialista”.
La victoria de los obreros en ese conflicto requerirá la dirección de un partido obrero revolucionario, sección china de una IV Internacional reforjada.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/41/china.html
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2016.06.04 20:56 ShaunaDorothy Sacudiendo las aguas del Mar de China Meridional El imperialismo estadounidense aprieta el cerco militar en torno a China ¡Por una defensa revolucionaria e internacionalista de China y Vietnam! (Septiembre de 2012)

https://archive.is/QnbZj
Espartaco No. 36 Septiembre de 2012
Concretando un giro militar estratégico del imperialismo estadounidense, el Secretario de la Defensa Leon Panetta anunció el pasado junio en Singapur que para 2020 el 60 por ciento de los buques de guerra estadounidenses, que actualmente están repartidos en los océanos Atlántico y Pacífico, estarán ubicados en la región del Pacífico asiático. El viaje de Panetta al sureste asiático estuvo precedido por otros de la Secretaria de Estado Clinton y el presidente Obama, quien declaró que el giro hacia el Pacífico es una “prioridad principal”.
Pese a que los voceros del gobierno de vez en cuando lo nieguen, el blanco principal del “pivote” estadounidense hacia el Pacífico es China, el país más poderoso que queda donde el dominio capitalista fue derrocado. El propio Pentágono lo ha dejado claro conforme va revelando poco a poco los detalles de su plan de batalla “diseñado para contrarrestar el desafío militar de China” (Financial Times, 31 de mayo). Conocido como “concepto” de combate Aire-Mar —eco de la doctrina de batalla Aire-Tierra de la década de 1970 adoptada en la Guerra Fría contra la Unión Soviética—, el plan busca “consolidar las alianzas estadounidenses y contrarrestar las armas y capacidades ‘antiacceso y de áreas denegadas’”, como la nueva generación de misiles antibuques que ha desarrollado China. Según el documento del Pentágono al que el artículo hace referencia, un ataque serio contra las defensas “antiacceso y de áreas denegadas” de China significaría “prepararse para un gran ataque preventivo sobre las bases militares de la China continental”.
Durante los últimos dos años, Washington ha tomado una serie de medidas concertadas con el fin de extender e intensificar la presión sobre China, desde retomar el envío de ayuda a las fuerzas especiales del indonesio Kopassus y normalizar relaciones con Myanmar (Birmania) hasta destacar infantes de marina a Darwin, Australia, y emprender operaciones conjuntas con otros estados clientes de Estados Unidos. Informando sobre una cumbre celebrada entre Japón y otros países insulares del Pacífico, a la que asistió una delegación estadounidense, el Yomiuri Shimbun (29 de mayo) escribió que la región “se ubica en el centro de una lucha de poder en la que participan Japón, Estados Unidos y Australia por un lado y China por el otro”.
Mientras aprietan el cerco en torno a China, Estados Unidos y sus aliados han llevado a cabo una serie de actos flagrantemente beligerantes. A mediados de abril, la India puso a prueba con éxito un misil balístico de largo alcance capaz de transportar ojivas nucleares y de permitirle “una cobertura completa de los blancos de China” (New York Times, 19 de abril). La hazaña fue muy aplaudida en los medios capitalistas de Estados Unidos, que lanzan interminables mentiras e hipocresía para condenar las pruebas nucleares de cualquier régimen que Washington considere maligno (Corea del Norte, Irán). Apenas tres días antes de las pruebas, Estados Unidos y su estado cliente filipino comenzaron ejercicios militares conjuntos en el Mar de China Meridional, mientras barcos pesqueros y de patrullaje marítimo chinos y un buque de guerra filipino se enfrentaban en el Arrecife Scarborough.
Al reducir las ocupaciones de Irak y Afganistán (mientras aumenta los bombardeos con drones y los asesinatos “dirigidos” en Paquistán y Yemen), el gobierno de Obama preparó el “pivote” en dirección al Pacífico asiático. Esto marca un retorno a la estrategia que adoptaron los gobernantes estadounidenses tras la destrucción contrarrevolucionaria del estado obrero degenerado de la Unión Soviética en 1991-92. La caída de la Unión Soviética hizo a un lado lo que hasta entonces había sido el principal blanco militar de los imperialistas y el único contrapeso real a su dominación del mundo, lo que permitió a Estados Unidos retirar fuerzas militares de Europa y desplegarlas en la Cuenca del Pacífico Occidental.
Si bien los ataques terroristas del 11 de septiembre distrajeron la atención estadounidense a Afganistán y otros blancos de la “guerra contra el terrorismo”, esa misma “guerra” espuria sirvió para ampliar y fortalecer el arco militar de los imperialistas en torno a China, cuyos líderes estalinistas endosaron la campaña “antiterrorista”. Estados Unidos estableció bases en Asia Central, mientras la India y Mongolia fueron atraídas hacia una cooperación más estrecha con Washington. Comenzando en 2002, cerca de mil infantes de marina y fuerzas especiales estadounidenses fueron enviados a la isla de Mindanao, al sur de las Filipinas, escenario de una prolongada insurgencia musulmana, donde siguen haciendo rondas hasta la fecha.
La Spartacist League, sección estadounidense de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), asume firmemente la defensa de los estados obreros burocráticamente deformados —China, Corea del Norte, Vietnam, Laos y Cuba— frente a los imperialistas y las fuerzas internas de la contrarrevolución. Así como los obreros deben defender sus sindicatos frente al ataque de sus explotadores aun cuando el apoyo al orden capitalista por parte de la dirección sindical obstruya la lucha obrera, también deben defender las revoluciones sociales desde China hasta Cuba frente a los imperialistas que buscan revivir el decadente sistema de ganancia capitalista al convertir de vuelta a esos países en campos para la más brutal explotación. Exigimos que todas las bases y tropas estadounidenses se retiren de Asia como parte de la lucha por movilizar a la clase obrera de EE.UU. contra sus “propios” gobernantes capitalistas y sus depredadoras aventuras militares, una lucha que sólo puede consumarse a través del derrocamiento revolucionario del orden mundial capitalista-imperialista.
Nuestra defensa militar de los estados obreros contra el enemigo de clase es incondicional, es decir, no depende de las medidas que lleven a cabo los regímenes estalinistas en el gobierno ni de las circunstancias particulares del conflicto. Al mismo tiempo, como organización trotskista, la LCI mantiene su oposición a esos regímenes, que minan a los estados obreros al suprimir políticamente a la clase obrera y al buscar complacer a los imperialistas, que no se detendrán ante nada para asegurar su dominio y sus ganancias.
Los avances militares de China
El acelerado giro del Pentágono hacia el este y el sureste asiáticos fue en gran medida impulsado por los importantes logros en capacidad de defensa que consiguió China durante el último periodo, un suceso afortunado que tuvo lugar principalmente mientras las fuerzas de Estados Unidos se encontraban empantanadas en Irak y Afganistán. Al reforzar su capacidad militar en la región costera frente a Taiwán y expandir su capacidad nuclear, China ha adquirido un mayor grado de protección ante las aventuras imperialistas.
En 1996, Estados Unidos envió dos grupos de portaviones a las aguas alrededor de Taiwán en respuesta a ejercicios militares chinos, coincidiendo con las campañas para la elección presidencial en Taiwán. Esa provocación por parte del gobierno de Clinton, el mayor despliegue naval estadounidense en el Pacífico desde la Guerra de Vietnam, recuerda la “diplomacia de cañonero” que durante el siglo XIX se usó para dividir y conquistar China. Ello también condujo a Beijing a aumentar el gasto militar, lo que siguió haciendo durante su boom económico de la última década.
Actualmente China posee o está desarrollando rápidamente proyectiles balísticos terrestres y misiles crucero, jets con misiles antibuques, submarinos convencionales y nucleares, radares de largo alcance, satélites espía y armas espaciales. Los analistas estadounidenses describen este arsenal como un potencial “factor que alteraría el resultado” y que “podría obligar a la marina estadounidense a retirar de las costas chinas sus portaviones y otras unidades de combate de superficie” (Aaron L. Friedberg, A Contest for Supremacy: China, America and the Struggle for Mastery in Asia [La contienda por la supremacía: China, Estados Unidos y la lucha por el dominio en Asia, 2011]). Los imperialistas de EE.UU. están decididos a contrarrestar este desarrollo como parte de su esfuerzo por conservar su posición como la fuerza militar abrumadoramente dominante del mundo.
Nuestra defensa militar de los estados obreros implica que apoyamos el que desarrollen armas nucleares y sistemas de entrega. Tras poner a prueba con éxito su bomba nuclear en 1964, China originalmente tenía misiles balísticos de combustible líquido que podían ser destruidos por ataques preventivos. Pero en años recientes ha desarrollado misiles balísticos intercontinentales de combustible sólido, capaces de atacar el territorio continental de Estados Unidos. Algunos de ellos no están en silos fijos, sino que son móviles, lo que los hace casi imposibles de eliminar. Se dice que China está por desplegar proyectiles que se lanzan de submarinos y que también podrían alcanzar territorio estadounidense. Así, la República Popular ha logrado establecer un elemento de disuasión crucial contra un ataque de Estados Unidos, el único poder estatal que ha usado una bomba atómica, incinerando a 200 mil civiles en Japón en 1945. El presidente Harry Truman y otros funcionarios estadounidenses consideraron usar contra China esa arma de destrucción masiva en su intento fallido de “hacer retroceder el comunismo” durante la Guerra de Corea, pero la posesión de armas nucleares de la URSS los disuadió. Para los años setenta, la Unión Soviética ya había alcanzado cierta paridad nuclear con los Estados Unidos, lo que no es ni remotamente el caso de la China actual.
Acomodación estalinista al imperialismo
Por impresionantes y necesarios que sean, los avances militares y económicos de China no pueden garantizar en última instancia la supervivencia del estado obrero en un mundo dominado por potencias imperialistas decididas a destruirlo. La Revolución de 1949 derrocó el dominio capitalista y liberó a los obreros y campesinos chinos de la subyugación imperialista y de la tiranía de la burguesía china. La colectivización de la economía sentó las bases de un tremendo salto en las condiciones de vida de las masas respecto a lo miserable de su existencia anterior y creó una base industrial significativa (originalmente con ayuda sustancial de la Unión Soviética), fundamento necesario para la defensa militar de la revolución.
Sin embargo, a diferencia de la Revolución de Octubre rusa de 1917, que creó un estado obrero basado en soviets (consejos) de obreros, campesinos y soldados, la Revolución de 1949 fue producto de una guerra de guerrillas basada en el campesinado y dirigida por el Partido Comunista Chino (PCCh) de Mao Zedong, que resultó en un estado obrero burocráticamente deformado desde su origen. El marco político del PCCh es el dogma profundamente antimarxista del “socialismo en un solo país” que Stalin proclamó a finales de 1924 como la consigna de la burocracia que le había usurpado el poder político al proletariado soviético. Revirtiendo el programa y los principios internacionalistas que guiaban a los bolcheviques bajo V.I. Lenin y León Trotsky, la burocracia estalinista renunció a la lucha por la revolución socialista mundial, para emprender en cambio la búsqueda utópica de la coexistencia pacífica con el imperialismo.
Abarcando una sexta parte de la superficie del planeta y con una abundante riqueza en minerales, la Unión Soviética avanzó años luz con respecto a la vieja sociedad de los zares, profundamente atrasada y empobrecida, hasta convertirse en una potencia industrial y militar superada sólo por Estados Unidos. Sin embargo, por sí misma no pudo superar el nivel económico de los países capitalistas avanzados y mucho menos alcanzar el socialismo: una sociedad de abundancia material basada en la colectivización y el desarrollo cualitativo de las avanzadas fuerzas productivas que hoy se concentran en los países imperialistas.
En La revolución traicionada (1936), su análisis clásico de la degeneración de la Unión Soviética bajo Stalin, Trotsky señaló tanto las ventajas de una economía planificada y colectivizada en la movilización de la industria para la defensa militar como las limitaciones que impone el aislamiento del estado obrero:
“Los éxitos económicos de la URSS le permiten afirmarse, progresar, armarse y, si esto es necesario, batirse en retirada, esperar y resistir. Pero en sí misma, la pregunta ¿quién triunfará?, no solamente en el sentido militar de la palabra, sino ante todo, en el sentido económico, se le plantea a la URSS a escala mundial. La intervención armada es peligrosa. La introducción de mercancías a bajo precio, viniendo tras los ejércitos capitalistas, sería infinitamente más peligrosa”.
La conclusión política de Trotsky era la necesidad de una defensa militar incondicional de la Unión Soviética y de una revolución política proletaria, que derrocara a la burocracia privilegiada y parasitaria y restaurara la democracia obrera y el internacionalismo proletario, planteando tajantemente la siguiente disyuntiva: “¿Devorará el burócrata al estado obrero, o la clase obrera lo limpiará de burócratas?” Esta pregunta se plantea hoy con la misma urgencia para China y los demás estados obreros deformados que quedan.
Incluso durante su mayor auge, la producción total de la Unión Soviética nunca pasó de ser un tercio de la estadounidense. Finalmente, tras décadas de presión imperialista y mal gobierno burocrático, el estado obrero soviético sucumbió a la contrarrevolución capitalista en 1991-92. Ésa fue una derrota histórica para los trabajadores del mundo, que infundió nueva vida al decadente sistema capitalista y dejó al imperialismo estadounidense como el incuestionable gigante militar del mundo. Hoy, China sigue muy por debajo del nivel económico que alcanzó la antigua Unión Soviética, llevando en particular el lastre de su enorme provincia rural.
Buscando su propia variante de “socialismo en un solo país”, los estalinistas de Beijing creen poder evitar la suerte de sus contrapartes de Moscú en parte si impulsan una mayor integración a la economía mundial, desarrollándose continuamente en lo militar y lo económico, mientras mantienen un control político férreo sobre la combativa clase obrera. Durante los primeros cinco años de la crisis capitalista mundial, China experimentó un crecimiento masivo, debido principalmente a la industria y los bancos estatales. Pero, a largo plazo, el “socialismo con características chinas” del régimen actual no logrará superar la herencia histórica del atraso chino, ni resolverá el problema de la escasez, como tampoco lo hizo la autarquía “igualitaria” de Mao Zedong.
La estrategia del PCCh se basa en ilusiones respecto a las relaciones pacíficas con los imperialistas y la estabilidad del mercado mundial: una fantasía que el propio funcionamiento de ese mercado refuta, por no hablar de la actual recesión profunda. Beijing cree que su enorme inversión en bonos del tesoro estadounidense contendrá la beligerancia de Estados Unidos; pero al convertirse en el principal prestamista de ese país, el gobierno chino contribuye directamente al astronómico gasto militar de Washington, que supera al de los siguientes catorce países con mayor gasto juntos. Las principales fuerzas de esa máquina militar están apuntadas hoy contra China.
Junto con el cerco militar de China y el fomento de fuerzas contrarrevolucionarias internas, los imperialistas están aumentando la presión económica, desde el proteccionismo antichino que impulsan tanto los políticos demócratas y republicanos como la dirigencia sindical, hasta los pactos comerciales con aliados estadounidenses de la región Asia-Pacífico. Mientras Beijing intenta disipar la hostilidad con sus vecinos fortaleciendo sus lazos económicos, Estados Unidos está impulsando el tratado comercial del Acuerdo de Asociación Transpacífico con Australia, Vietnam y otros seis países, que siguió al recientemente firmado Tratado de Libre Comercio con Corea del Sur. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas plenas de Estados Unidos con Myanmar también es una cuña dirigida contra China, que tiene proyectos hidroeléctricos y de ductos en ese país.
¿Qué está en juego en el Mar de China Meridional?
En el documento que anuncia el giro de Estados Unidos a la región del Pacífico asiático, Hillary Clinton declaró el compromiso de los imperialistas de “asegurar la transparencia en la actividad militar de los principales actores de la zona” (léase China), contrarrestar los supuestos “esfuerzos de proliferación” de Corea del Norte y “defender la libertad de navegación por el Mar de China Meridional” (“America’s Pacific Century” [El siglo del Pacífico estadounidense], Foreign Policy, noviembre de 2011). Clinton detalla los pasos que Estados Unidos ha dado para reforzar sus alianzas en la región, incluyendo con Filipinas, donde los buques de guerra estadounidenses aumentarán sus “visitas” en el próximo periodo. En respuesta a las maquinaciones estadounidenses, el general Ma Xiaotian, jefe adjunto del estado mayor del Ejército de Liberación Popular (ELP) chino, advirtió tajantemente: “La cuestión de China Meridional no es asunto de Estados Unidos”.
Oficialmente, Estados Unidos niega cualquier intención de entablar una guerra por disputas territoriales en el Mar de China Meridional, afirmando que todos los interesados deben acatar las leyes internacionales. Estados Unidos, cabe señalar, nunca se ha molestado en firmar el tratado internacional respecto a disputas marítimas, suponiendo que su abrumador poderío militar y sus alianzas regionales están por encima de semejantes formalidades.
El Mar de China Meridional es un paso marítimo de importancia estratégica por el que circula la mitad del tonelaje de tráfico mercante mundial, incluyendo el 80 por ciento de las importaciones de crudo tanto de China como de Japón. Ya sea enteramente o en parte, la propiedad de los arrecifes y bancos de arena del Mar de China Meridional está en disputa entre los estados obreros de China y Vietnam y los capitalistas Malasia, Brunei, Filipinas y Taiwán. Actualmente China controla las Paracels, que están cerca de la franja costera del sureste, y buena parte de las más distantes Spratlys. El Mar de China Meridional siempre ha ofrecido una zona rica para la pesca, que actualmente provee el diez por ciento de la pesca mundial anual. También se cree que sus aguas esconden grandes yacimientos inexplorados de petróleo y gas natural. China calcula que la cantidad de petróleo llega a un 80 por ciento de las reservas demostradas de Arabia Saudita.
El Mar de China Meridional se conecta con el Océano Índico mediante el Estrecho de Malaca, que pasa entre Indonesia y Malasia y que sería un potencial cuello de botella para las importaciones chinas de petróleo y hierro. Dejando ver las intenciones imperialistas de dominar este crucial pasaje, en su artículo de Foreign Policy, Hillary Clinton alabó la expansión de la alianza de Estados Unidos con Australia “de una asociación del Pacífico a una Indo-Pacífica”.
En cualquier conflicto militar entre China o Vietnam y Estados Unidos, Filipinas o cualquier otro país capitalista, el deber del proletariado internacionalmente es asumir la defensa de los estados obreros. El grueso de la izquierda estadounidense —desde la International Socialist Organization [Organización Socialista Internacional] y los diversos remanentes maoístas hasta el ultraestalinista Progressive Labor Party [Partido Laboral Progresista]— declara a China capitalista o incluso imperialista, o irremediablemente en vías de serlo. Estos grupos guardan silencio respecto a las maquinaciones estadounidenses o bien, como en el caso del estrafalario Socialist Workers Party [Partido Obrero Socialista] de Jack Barnes, hacen eco de los propagandistas burgueses describiendo el conflicto como si tuviera lugar entre “potencias rivales” que se ven sacudidas por la “cada vez más profunda crisis del capitalismo mundial” (Militant, 30 de abril).
Por su parte, el Workers World Party (WWP, Partido Mundo Obrero) protesta contra la creciente beligerancia estadounidense, señalando con razón que “Washington y Wall Street no estarán satisfechos hasta haber recolonizado completamente China” (“U.S. Remains Hostile to China” [EE.UU. sigue siendo hostil a China], Workers World, 31 de mayo). Pero su defensa de China parte de su apoyo a un sector de la burocracia estalinista (representada, según el WWP, por el depuesto líder partidista de Chongking, Bo Xilai) supuestamente comprometida con la defensa de la propiedad estatal contra quienes quieren hacerle más concesiones al capital internacional. Esta posición llevó al WWP a apoyar la sangrienta represión del levantamiento de la Plaza Tiananmen en 1989, una revolución política incipiente.
Lo que Trotsky observó en La revolución traicionada respecto al régimen de Stalin es igualmente certero respecto al actual PCCh: la burocracia privilegiada y parasitaria “no proporciona ninguna garantía moral en la orientación socialista de su política. Continúa defendiendo la propiedad nacionalizada por miedo al proletariado”. La burocracia china ciertamente tiene muchas razones para temerle a la clase obrera, tanto de las empresas privadas como de las estatales, como se ha visto en las repetidas olas de huelgas y protestas a gran escala que los obreros han realizado en defensa de sus medios de subsistencia, para no hablar del descontento de los campesinos enfurecidos por la corrupción oficial.
Oponerse a las maniobras imperialistas en el este y el sureste asiáticos es fundamental para una perspectiva revolucionaria. Los altercados nacionalistas por la propiedad de las rocas e islotes deshabitados del Mar de China Meridional son algo totalmente distinto. Como marxistas revolucionarios, no tomamos lado en esas disputas territoriales y condenamos en particular las criminales riñas respecto a los derechos de exploración y pesca que han hecho que se enfrenten los regímenes estalinistas de Beijing y Hanoi. Estas riñas han llevado ya a choques militares francos en 1988 y 2011, así como a acciones policiacas menores, como la del Golfo de Tonkín de 2005, cuando la marina del ELP mató a tiros a nueve pescadores vietnamitas. Bajo un gobierno de consejos obreros y campesinos, China y Vietnam cooperarían para desarrollar los recursos naturales del área defendiéndose mutuamente del imperialismo.
Defender a China frente al imperialismo incluye oponerse a la ayuda militar que Estados Unidos le da a Taiwán, donde gobierna la clase burguesa que huyó de la Revolución de 1949. El 18 de mayo, el congreso estadounidense aprobó la venta de 66 aviones de combate F-16 a Taiwán. Apenas unas horas después, el Departamento de Defensa rindió ante el congreso su informe anual sobre China, donde señalaba que “el ELP sigue desarrollando la capacidad” para disuadir a Taiwán de declarar su independencia, negarle a Estados Unidos una intervención efectiva en la crisis del Estrecho de Taiwán y derrotar a las fuerzas taiwanesas en caso de un conflicto militar. Desde 1950, cuando, con el estallido de la Guerra de Corea, Estados Unidos mandó a su VII Flota a las aguas que separan Taiwán de la China continental, Washington ha considerado a la isla su “portaviones inhundible”, es decir, como un puñal apuntando al corazón de la China continental.
El imperialismo japonés también ha comprometido sus fuerzas para apoyar al Taiwán capitalista en un conflicto militar con China. Después de que Estados Unidos y Japón emitieran en febrero de 2005 una declaración que afirmaba que Taiwán era “una preocupación de seguridad mutua”, las secciones estadounidense y japonesa de la LCI escribimos en una declaración conjunta: “Desde la antigüedad Taiwán ha sido parte de China, y los trotskistas estaremos del lado de China en caso de cualquier conflicto con el imperialismo respecto a Taiwán” (WV No. 844, 18 de marzo de 2005). Al oponernos a la política del PCCh de “un país, dos sistemas” de reunificarse con Taiwán manteniendo ahí la propiedad capitalista, llamamos a la reunificación revolucionaria de China mediante una revolución política contra el régimen estalinista en el continente, una revolución socialista en Taiwán que derroque a la burguesía y la expropiación de los capitalistas de Hong Kong.
China, al igual que Corea del Norte, está directamente amenazada por la alianza militar reforzada de Estados Unidos y Japón. Japón, por ejemplo, ha sido clave para permitir a Estados Unidos instalar un sistema de defensa contra misiles que amenaza a los dos estados obreros. La SL/U.S. y el Grupo Espartaquista de Japón llaman a aplastar la alianza contrarrevolucionaria de Estados Unidos y Japón mediante la revolución obrera en ambos lados del Pacífico.
Frenesí antichino en Filipinas
La más álgida de las disputas recientes del Mar de China Meridional comenzó en abril, cuando Filipinas envió una fragata (proporcionada por Estados Unidos) para abordar barcos pesqueros chinos, que supuestamente llevaban corales “ilegalmente cosechados”. Entonces China envió a la zona dos naves de vigilancia marítima. Durante el auge mismo de la tensión, a finales de abril, Estados Unidos y Filipinas llevaron a cabo unos ejercicios militares previamente planeados, que incluían aproximadamente a 4 mil 500 infantes de marina, cerca de las Islas Palawán y del Arrecife Scarborough. Tanto China como Filipinas empezaron a retirar sus embarcaciones al comenzar la temporada de tifones.
El gobierno de Benigno Aquino en Manila ha intentado lanzar una cruzada nacionalista antichina respecto al Arrecife Scarborough —que en Filipinas llaman Panatag y en China Huangyan— y ha utilizado el incidente para obtener más ayuda de sus patrones en Washington. Filipinas ha llamado a Vietnam y otros países miembros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) a hacer a un lado sus disputas respecto al Mar de China Meridional y unirse contra China. Bajo la predecesora de Aquino, Gloria Arroyo, Filipinas abandonó un acuerdo para emprender un proyecto de desarrollo conjunto con China y Vietnam cuando las noticias del pacto detonaron un escándalo nacionalista antichino.
El pasado noviembre, Hillary Clinton se comprometió a que Estados Unidos reforzaría la capacidad naval de Filipinas sobre la base del Tratado de Defensa Mutua firmado en 1951, dos años después del derrocamiento del capitalismo en China. Japón, que envió tres buques de guerra a Filipinas en una “visita de buena voluntad” en mayo, aceptó entrenar y equipar a la guardia costera filipina, mientras Corea del Sur le ayudará a modernizar su ejército. En abril, el gobierno de Obama aprobó triplicar las ventas militares a Filipinas con respecto al año anterior. Esto es un peligro inminente para los obreros, campesinos y musulmanes moros que han sufrido una represión brutal a manos de las fuerzas armadas filipinas.
En una visita en junio a la Casa Blanca, Aquino hizo una petición directa por mayor presencia militar estadounidense en su antigua colonia para contrarrestar las “intenciones” de China, y obtuvo el compromiso de Estados Unidos de ayudarle a construir instalaciones especiales y a entrenar personal para monitorear los movimientos marítimos en el Mar de China Meridional. Además de nuevas maniobras conjuntas, Manila ya dio el visto bueno a que Estados Unidos vuelva a usar las gigantescas bases aéreas y navales de Clark y la Bahía de Súbic, que habían sido clausuradas a principios de los años 90.
Diversas organizaciones “socialistas” han ayudado a la campaña antichina espoleando la histeria nacionalista en torno al Arrecife Scarborough. La poca asistencia a las manifestaciones en Manila demostró que las masas no están tragándose el intento de Aquino de desviar la atención de su insoportable miseria social y económica a una cruzada contra China. Pero no ha sido por falta de esfuerzo del socialdemócrata AKBAYAN. Contando entre sus líderes al principal asesor político de Aquino y a otros funcionarios de gobierno, AKBAYAN organizó el 11 de marzo una marcha al consulado chino como parte del “día de acción global contra la intimidación china en el Mar Occidental de Filipinas”. El año pasado, Walden Bello, un académico consentido de la izquierda reformista internacional, se unió a otro legislador de AKBAYAN para proponer que el territorio marítimo en disputa fuera rebautizado Mar Occidental de Filipinas, el nombre que ahora usan los voceros del gobierno.
En cuanto al Partido Comunista de Filipinas (PCF), su declaración del 21 de abril exige que Estados Unidos detenga su “intervencionismo en Filipinas y el Pacífico asiático”, demandando al mismo tiempo que la “capitalista” China “se haga a un lado” y retire sus buques patrulla, afirmando la “soberanía nacional y la integridad territorial” de Filipinas sobre las áreas en disputa. Detrás de las pretensiones combativas del maoísta PCF hay un programa de colaboración de clases que ata la suerte de los profundamente empobrecidos obreros y campesinos a la de una inexistente ala “progresista” de la burguesía nacional. Así, lo que impulsa la guerra de guerrillas rural del PCF es la esperanza de que las negociaciones de paz lleven a un gobierno burgués de coalición que supuestamente extenderá la democracia y llevará a cabo la reforma agraria y la industrialización.
Bajo cualquier forma de dominio capitalista, Filipinas seguirá siendo una sociedad profundamente empobrecida bajo la bota de los imperialistas y el puño opresivo de la Iglesia Católica. La clase obrera filipina debe ser arrancada de la colaboración de clases nacionalista y conquistada a la perspectiva trotskista de la revolución permanente: la toma del poder por el proletariado a la cabeza de todos los pobres de la ciudad y el campo y la extensión internacional de la revolución socialista, incluyendo de manera crucial a los centros imperialistas.
Traiciones estalinistas chinas y vietnamitas
Algo particularmente peligroso para el proletariado mundial es el intento por parte del imperialismo estadounidense de aprovechar las disputas en el Mar de China Meridional para asegurarse el apoyo de Vietnam contra China. Estados Unidos sufrió una resonante derrota a manos de los obreros y campesinos vietnamitas, simbolizada por la aterrorizada huida en helicóptero de los agentes estadounidenses y sus títeres locales de Saigón en abril de 1975. Con la derrota militar de Estados Unidos y sus secuaces capitalistas asesinos de Vietnam del Sur, el país se reunificó como un estado obrero burocráticamente deformado, una victoria de los obreros del mundo. 20 años después, Estados Unidos normalizó sus relaciones con Vietnam. Y, conforme Hanoi impulsaba su propio programa de “reformas de mercado”, Estados Unidos empezó a estrechar lazos militares con Vietnam, marcados por las repetidas visitas de buques de guerra estadounidenses. El régimen vietnamita recientemente ha declarado su intención de permitirle a los navíos estadounidenses y de otros países el acceso a la Bahía de Cam Ranh, un fondeadero de aguas profundas para las rutas marítimas del Mar de China Meridional que fue una de las principales bases de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam.
Hace dos años, Vietnam usó su presidencia del consorcio ASEAN, que no incluye a China, para poner en el orden del día el tema del Mar de China Meridional, lo que llevó a la declaración de Hillary Clinton de julio de 2010 en el Foro Regional de la ASEAN de que la libertad de navegación en el área es de “interés nacional” para Estados Unidos. Meses después, un diplomático vietnamita dijo al Grupo Internacional de Crisis, un organismo imperialista consultivo, que antes de la declaración de Clinton los chinos no tomaban a Vietnam muy en serio, pero “ahora nos escuchan”.
A finales de junio, el gobierno vietnamita declaró su soberanía y jurisdicción sobre las islas Paracels y Spratlys, lo que llevó a China a responder elevando el estatus administrativo que le concede a esas islas. Con Vietnam patrullando por aire las Spratlys, China recién ha enviado al área patrullas “listas para el combate”. La insistencia de Beijing de que China tiene derecho a poseer esas islas y casi todo el Mar de China Meridional se basa en alegatos que se remontan al siglo XV, si no es que antes. En el Atlantic (junio de 2012), el analista militar estadounidense Robert Kaplan reporta que un funcionario vietnamita respondió a esos alegatos afirmando que, cuando China ocupó Vietnam hace seis siglos, no ocupó las Paracels ni las Spratlys. “Si ese grupo de islas pertenecía a China —preguntó el funcionario—, ¿por qué los emperadores Ming no lo incluían en sus mapas?”
El nacionalismo grotesco y retrógrada de ambos regímenes estalinistas no puede sino minar la defensa de las conquistas sociales de las revoluciones que derrocaron el dominio capitalista. De hecho, cuando en el verano de 2011 el gobierno vietnamita impulsaba protestas semanales antichinas en Hanoi, los emigrados anticomunistas vietnamitas en Seattle, París y otras ciudades se unieron a la campaña organizando sus propias manifestaciones. Hanoi puso fin a las protestas en agosto, temiendo que éstas obstaculizaran sus intentos de negociación con Beijing.
La antipatía nacionalista vietnamita con respecto a China, rasgo central de la conciencia popular basada en siglos de opresión a manos de los gobernantes dinásticos chinos, se ha visto reforzada por las repetidas traiciones de los estalinistas del PCCh a los obreros y campesinos vietnamitas, producto de la alianza antisoviética que entabló Mao con Estados Unidos. A finales de los años 50 y durante los 60, el antagonismo de los regímenes estalinistas de Moscú y Beijing —marcado, por ejemplo, por la negativa del Kremlin a ayudar a China en su guerra fronteriza de 1959 con la India— se convirtió en una escisión hecha y derecha. En poco tiempo, Mao ya estaba proclamando que el “socialimperialismo soviético” era un peligro aun mayor que el imperialismo estadounidense, encajando bien con la meta estratégica estadounidense de destruir al estado obrero degenerado soviético. La frontera sino-soviética llegó a ser una de las más militarizadas del mundo.
Mientras la mayor parte de la Nueva Izquierda se entusiasmaba con la catastrófica “Revolución Cultural” de Mao, la Spartacist League advirtió previsoramente que la línea antisoviética de la burocracia del PCCh significaba que “no puede descartarse el peligro de una alianza imperialista con China contra los rusos” (“Chinese Menshevism” [Menchevismo chino], Spartacist [Edición en inglés] No. 15-16, abril-mayo de 1970). El artículo concluía:
“El trotskismo...es hoy la única tendencia que defiende la unidad comunista contra el imperialismo. Las camarillas que dirigen la Unión Soviética y China, cada una comprometida con la política estalinista básica del ‘socialismo en un solo país’ (el propio), deben ser derrocadas por la revolución política y sus medidas contrarrevolucionarias deben ser remplazadas por un compromiso firme con el internacionalismo revolucionario y proletario”.
La alianza quedó sellada en 1972 con la visita de Richard Nixon a China, donde se reunió con Mao mientras las bombas estadounidenses llovían sobre los heroicos vietnamitas. En 1979, apenas cuatro años después de la victoria de la Revolución Vietnamita, China invadió Vietnam y sufrió una contundente derrota a manos de sus combatientes fogueados en la batalla. El cobarde ataque de China, en el que actuó como peón de los derrotados imperialistas estadounidenses, vino como secuela de la visita del líder chino Deng Xiaoping a Estados Unidos, parte de su campaña para atraer a China inversión capitalista extranjera. Su régimen procedió a darle apoyo material a los reaccionarios degolladores muyajedín que combatían a las fuerzas del Ejército Soviético en Afganistán, una de las muchas formas en que el PCCh contribuyó, desde tiempos de Mao, a la caída del estado obrero soviético. Ahora se ha cerrado el ciclo de traiciones estalinistas con el reacercamiento de Vietnam al imperialismo estadounidense, que hoy, como antes, es el principal enemigo de los trabajadores del planeta.
¡Reforjar la IV Internacional!
La LCI, que luchó hasta el final por la defensa de la Unión Soviética ante la contrarrevolución capitalista, es la única en sostener el programa trotskista de defensa de los estados obreros deformados que quedan, como parte de nuestra lucha por nuevas revoluciones de Octubre. Como Trotsky dejó en claro en “La URSS en guerra” (septiembre de 1939), para la IV Internacional, que se había fundado un año antes, la cuestión de derrocar a la burocracia soviética “está subordinada a la cuestión de preservar la propiedad estatal de los medios de producción en la URSS” y la preservación de esa propiedad estatal “está subordinada para nosotros a la cuestión de la revolución proletaria mundial”.
La destrucción de la Unión Soviética hizo retroceder la conciencia proletaria, si bien de manera desigual, en todo el mundo, lo que resultó en un nivel históricamente bajo de identificación con el comunismo como programa para liberar a la humanidad de las carencias, la opresión y la guerra. Sin embargo, el funcionamiento mismo del sistema capitalista siembra las semillas de la lucha social y de clase, que ya se anuncia en las luchas de los obreros de Grecia y otras partes contra los dictados de austeridad de los banqueros y sus gobiernos.
Lo que hay que hacer es forjar partidos proletarios de vanguardia como secciones de una IV Internacional reforjada, partido mundial de la revolución socialista. Como sección estadounidense de la LCI, la Spartacist League tiene la misión de construir un partido obrero revolucionario en las entrañas del monstruo imperialista. Cuando los obreros se apoderen de la riqueza industrial que hoy se le exprime a la clase obrera para la ganancia de los patrones, comenzaremos a construir una economía socialista planificada a escala mundial. Entonces, algunos crímenes históricos podrán enmendarse y algunas deudas podrán cobrarse finalmente ―como las decenas de miles de millones de dólares que Estados Unidos le debe a los vietnamitas y a los demás países que han sido dañados por los tanques y bombas estadounidenses―, y la maquinaria de guerra que los imperialistas usan para defender sus ganancias mediante la sangre y el terror será destruida de una vez y para siempre.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/36/china.html
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2016.05.21 19:23 ShaunaDorothy China: ¡Defender, extender las conquistas de la Revolución de 1949! ¡Por la revolución política obrera para echar a la burocracia estalinista ¡Derrotar la campaña imperialista de contrarrevolución! ¡Por una China de consejos obreros y campesinos en un Asia socialista! (1 - 2) (2004)

https://archive.is/6nOp7
China: ¡Defender, extender las conquistas de la Revolución de 1949! ¡Por la revolución política obrera para echar a la burocracia estalinista!
¡Derrotar la campaña imperialista de contrarrevolución!
¡Por una China de consejos obreros y campesinos en un Asia socialista!
Reproducido de Espartaco No. 22, invierno de 2004.
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard Nos. 814 y 815, periódico de la Spartacist League/U.S., 21 de noviembre y 5 de diciembre de 2003.
La República Popular China (RPCh) nació de la Revolución de 1949 que, pese a sus profundas deformaciones burocráticas, fue una revolución social de relevancia histórico-mundial. Cientos de millones de campesinos se levantaron y tomaron la tierra en la que sus ancestros habían sido cruelmente explotados desde tiempos inmemoriales. El dominio de los asesinos señores de la guerra, de los usureros chupasangre, de los rapaces terratenientes y de la execrable burguesía fue destruido.
La creación de una economía centralmente planificada y colectivizada sentó las bases para un enorme salto en el progreso social y para el avance de China desde su abyecto atraso campesino. La revolución permitió a la mujer avanzar grandes pasos desde su miserable condición anterior, simbolizada por la práctica bárbara del vendaje de pies. Una nación que por un siglo había sido desgarrada y dividida por potencias extranjeras fue unificada y liberada de la subyugación imperialista.
Sin embargo, la Revolución de 1949 estuvo deformada desde su origen bajo el gobierno del régimen del Partido Comunista Chino (PCCh) de Mao Zedong, que representaba una casta burocrática nacionalista que descansaba sobre la economía colectivizada. A diferencia de la Revolución de Octubre de 1917 rusa, que fue llevada a cabo por un proletariado consciente de clase guiado por el internacionalismo bolchevique de Lenin y Trotsky, la Revolución China fue el resultado de una guerra de guerrillas campesina dirigida por las fuerzas estalinistas-nacionalistas de Mao. Siguiendo el patrón de la burocracia estalinista que en la URSS había usurpado el poder político del proletariado, el régimen de Mao predicó la noción profundamente antimarxista de que el socialismo —una sociedad igualitaria y sin clases basada en la abundancia material— podía construirse en un solo país. En la práctica, el "socialismo en un solo país" en China, como en la URSS de Stalin y sus herederos, significó la oposición a la perspectiva de la revolución obrera internacionalmente y la acomodación al imperialismo mundial.
En particular, la alianza de China con el imperialismo estadounidense contra la Unión Soviética, que comenzó bajo el gobierno de Mao a principios de la década de 1970 y fue continuada por su sucesor, Deng Xiaoping, contribuyó con el tiempo a la destrucción de la URSS mediante una contrarrevolución capitalista en 1991-92. Ésta fue una derrota histórica para la clase obrera internacional y para los pueblos oprimidos alrededor del mundo. El periodo postsoviético ha visto el incremento de la presión —económica, política y militar— del imperialismo mundial, y especialmente estadounidense, sobre China. Así, el Pentágono ha estado persiguiendo activamente planes para tener la capacidad de un ataque nuclear "preventivo" eficaz contra el pequeño arsenal nuclear de China, una estrategia proclamada abiertamente por la pandilla de Bush en Washington.
La Liga Comunista Internacional está por la defensa militar incondicional del estado obrero deformado chino contra el ataque imperialista y la contrarrevolución capitalista. La clase obrera china debe barrer a la burocracia estalinista, que ha debilitado gravemente el sistema de propiedad nacionalizada internamente mientras concilia con el imperialismo a nivel internacional. Estamos por una revolución política proletaria que ponga el poder político en manos de consejos obreros y campesinos. La tarea urgente que enfrenta el proletariado chino es construir un partido leninista-trotskista, parte de una IV Internacional reforjada, para preparar y dirigir esta revolución política, poniéndose al frente de las masas trabajadoras y dirigiendo las luchas espontáneas y localizadas de los obreros hacia la toma del poder político.
¿Está restaurando el PCCh el capitalismo en China?
Desde que el régimen de Deng introdujo las "reformas" económicas orientadas al mercado a principios de la década de 1980, una corriente cada vez más influyente de opinión burguesa occidental ha mantenido que el propio Partido Comunista está restaurando gradualmente el capitalismo en China mientras mantiene un estrecho control sobre el poder político. Esta postura fue presentada amplia y ruidosamente a finales de 2002 cuando el XVI Congreso del PCCh legitimó la membresía partidista a empresarios capitalistas. "China da la espalda al comunismo para unirse a la Larga Marcha de los capitalistas" era un encabezado típico en la prensa occidental, en este caso del Guardian de Londres (9 de noviembre de 2002).
De hecho, este congreso no introdujo un cambio significativo ni en la composición social del PCCh, que después de todo tiene 66 millones de miembros, ni en su ideología funcional. Según una encuesta oficial, de los dos millones de propietarios de negocios privados de China, 600 mil son miembros del partido y lo han sido por algún tiempo. La enorme mayoría de éstos eran viejos cuadros gerenciales del PCCh que se apropiaron de las pequeñas empresas estatales que administraban cuando éstas fueron privatizadas en los últimos años.
Algunos grupos que alegan falsamente ser trotskistas han hecho suya la noción ahora convencional en los círculos burgueses occidentales de que el "camino capitalista" ha triunfado definitivamente entre los que gobiernan China. Comentando respecto al XVI Congreso del PCCh, la tendencia de Peter Taaffe centrada en Gran Bretaña escribió: "China va camino a la restauración completa del capitalismo, pero la camarilla gobernante está tratando de hacer esto gradualmente y manteniendo su control autoritario y represivo" (Socialist, 22 de noviembre de 2002). Al etiquetar al gobierno de China como un régimen "autoritario" de restauración capitalista, los taaffistas y los de su calaña pueden justificar su apoyo a fuerzas anticomunistas apoyadas por el imperialismo en China en nombre de promover la "democracia", igual que como apoyaron la contrarrevolución "democrática" de Boris Yeltsin en la URSS en 1991.
Al sostener que China sigue siendo una expresión burocráticamente deformada de poder estatal proletario, nosotros no negamos ni minimizamos el creciente peso social en China de los empresarios capitalistas recién establecidos en territorio continental y de la vieja burguesía china establecida en Taiwan y Hong Kong. Muchos funcionarios de primer rango del gobierno y/o del partido tienen un hijo, un hermano menor, un sobrino o (como en el caso del presidente de China Hu Jintao) un yerno que es empresario privado.
Sin embargo, el poder político del cuerpo central de la burocracia estalinista de Beijing sigue basándose en el núcleo de elementos colectivizados de la economía China. Además, las políticas económicas del régimen del PCCh siguen restringidas por temor al disturbio social —y especialmente obrero— que pudiera derrocarlo. Esto estuvo cerca de suceder en 1989, cuando protestas centradas en los estudiantes por la liberalización política y contra la corrupción desataron una revuelta obrera espontánea que luego fue suprimida con un gran derramamiento de sangre por unidades del ejército leales al régimen. (Para conocer más sobre esta incipiente revolución política proletaria, ver: "China: ¡Por la revolución política proletaria!" folleto del GEM, octubre de 1989.)
Una contrarrevolución capitalista en China (como sucedió en Europa Oriental y la antigua URSS) estaría acompañada por el colapso del bonapartismo estalinista y la fracturación política del gobernante Partido Comunista. Las políticas económicas del régimen estalinista de Beijing que alientan la empresa capitalista (y el correspondiente giro a la derecha de la postura ideológica formal de la burocracia) han fortalecido cada vez más a las fuerzas sociales que originarán las fracciones y partidos abiertamente contrarrevolucionarios apoyados por el imperialismo cuando el PCCh ya no pueda mantener su actual monopolio del poder político. Hoy, esto puede verse con claridad en el enclave capitalista de Hong Kong, la única parte de la RPCh donde existen partidos burgueses de oposición. El verano pasado, el Partido Demócrata de Hong Kong organizó protestas anticomunistas masivas abiertamente apoyadas por el gobierno de Bush en Washington y sus socios menores en Londres (ver: "Hong Kong: ¡Expropiar a la burguesía!" en WV No. 814, 12 de noviembre de 2003).
Sujian Guo, un intelectual de derecha emigrado a EE.UU., publicó un artículo interesante en el Journal of Contemporary China (agosto de 2003) en el que disiente de la noción de que China ya se volvió capitalista, o lo está haciendo rápidamente ("La reforma de la propiedad en China: ¿En qué dirección y hasta qué punto?"). Según una breve ficha biográfica, Guo fue un "antiguo analista de políticas en el Comité Central del partido en China". Dada su actual inclinación ideológica, Guo minimiza el crecimiento de los elementos capitalistas en la economía china y atribuye a los altos mandos del PCCh una convicción continua en el socialismo, al menos a largo plazo histórico. Pero este anticomunista partidario del capitalismo del "libre mercado" comprende una verdad elemental que no entienden muchos izquierdistas, incluyendo a supuestos marxistas:
"Cómo privatizar una enorme propiedad estatal dentro del marco de la estructura y el sistema políticos existentes es realmente problemático y técnicamente irrealizable. La experiencia de otros antiguos países comunistas ha mostrado que no existe un solo caso de privatización exitosa con el partido comunista conservando el poder y con su sistema político intacto."[énfasis en el original]
También los líderes del PCCh vieron lo que pasó en las "democracias populares" de Europa Oriental y en la antigua URSS a finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, sacaron sus propias lecciones y actuaron correspondientemente. También sacaron lecciones de la revuelta de Tiananmen de 1989 que amenazó con su propia caída. Decidieron que no habría liberalización política ni siquiera en el nivel académico/intelectual. El régimen de Jiang Zemin, que sustituyó a Deng cuando éste murió en 1997, logró impedir toda oposición fraccional organizada en el que históricamente ha sido un partido estalinista gobernante bastante fraccionado. No parece haber ningún movimiento o medio disidente significativo en el territorio continental ni a la izquierda ni a la derecha de la dirección central del PCCh.
La más reciente ilusión del estalinismo chino
La elevada tasa de crecimiento económico de China en los últimos años —que además tuvo lugar en medio de una recesión capitalista mundial generalizada— ha producido un cierto estado de ánimo triunfalista entre los dirigentes, los cuadros y los intelectuales afiliados al PCCh. Uno encontraría un estado de ánimo muy distinto entre los millones de obreros que han sido despedidos de empresas estatales, los empobrecidos migrantes que vienen del campo y los campesinos pobres que apenas logran subsistir trabajando pequeñas parcelas con instrumentos rudimentarios. Pero entre los intelectuales chinos de opiniones políticas prevalecientes puede escucharse cada vez más la noción de que su país de algún modo ha encontrado un camino intermedio entre la anarquía capitalista del "libre mercado" y la rigidez de la "economía dirigida" del viejo estilo estalinista.
Cuando eran más jóvenes, Jiang Zemin, Hu Jintao y los demás indudablemente suscribían la doctrina maoísta-estalinista de que China estaba "construyendo el socialismo" con sus propios esfuerzos y sin ninguna ayuda. Ahora ven esto como un producto del "pensamiento dogmático" y a sí mismos como realistas prácticos que confrontan al resto del mundo como realmente es y lidian con él. Pero Jiang, Hu y sus secuaces están guiados por delirios de grandeza que sobrepasan las fantasías más descabelladas del Presidente Mao.
Los actuales dirigentes del PCCh creen que pueden modernizar a China y transformarla en una gran potencia mundial —y de hecho en la superpotencia global del siglo XXI— mediante una integración cada vez mayor en la economía mundial capitalista. Realmente creen que pueden controlar y manipular al Citibank, al Deutsche Bank y al Banco de Tokio-Mitsubishi para ayudar a desarrollar a China de manera que en una o dos generaciones haya sobrepasado a Estados Unidos, Alemania y Japón. Creyendo transformar a China en una superpotencia global, lo que están haciendo es despejar el camino para que China regrese a la era prerrevolucionaria de subyugación irrestricta al imperialismo.
El crecimiento de la beligerancia imperialista hacia China desde el colapso de la Unión Soviética es evidencia suficiente de que las burguesías del mundo no consentirán con las ambiciones de superpotencia de la burocracia de Beijing. Durante la última década, el Pentágono ha reubicado una porción significativa de sus fuerzas militares en la región de la Cuenca del Pacífico, mientras impulsa planes para su "escenario de defensa de misiles". Como resultado de su incursión en Afganistán y el Asia central, así como a su renovada presencia militar en Filipinas y otros lugares, EE.UU. ha fortalecido significativamente su cerco militar en torno a China. Al suscribir la "guerra contra el terrorismo" de EE.UU., Beijing sólo ha alentado la campaña contrarrevolucionaria del imperialismo estadounidense. La dirección china también se ha unido a la cruzada contra el programa de armas nucleares de Corea del Norte. Ésta es una traición nacionalista que mina al propio estado obrero deformado chino; una contrarrevolución capitalista en Corea del Norte solamente envalentonaría las fuerzas de la restauración capitalista que amenazan a China.
Con toda seguridad, los estalinistas chinos en el gobierno no son meramente pasivos frente al cerco militar estadounidense: recordemos su vigorosa respuesta a la provocación del avión espía de Washington hace dos años. El régimen del PCCh también ha resistido las exigencias estadounidenses a imponerle un embargo económico al estado obrero deformado norcoreano. Pero el sueño de opio de los estalinistas de que puede haber "coexistencia pacífica" con el imperialismo sólo puede adormecer la vigilancia de las masas chinas y minar la defensa de su propio estado obrero.
La alternativa a una contrarrevolución sangrienta y apoyada por el imperialismo es una revolución política proletaria. A lo largo de los últimos años, ha habido protestas populares y luchas obreras extendidas y de gran escala, especialmente en torno a los despidos masivos en empresas industriales de propiedad estatal. Hasta ahora, mediante una combinación de represión y concesiones, el régimen se las ha arreglado para mantener éstas a nivel de acciones económicas locales. Sin embargo, en sus cimientos China es una sociedad profundamente inestable. Tarde o temprano, las explosivas tensiones sociales harán estallar la estructura política de la casta burocrática gobernante. Y cuando eso suceda, el destino del país más poblado de la tierra será planteado tajantemente: revolución política proletaria que abra el camino al socialismo, o esclavitud capitalista y subyugación ante el imperialismo.
El resultado de esa batalla histórica será de importancia decisiva para las masas trabajadoras no sólo de China, sino del mundo entero. Como sucedió con la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética, la restauración del capitalismo en China envalentonaría aún más a los imperialistas para lanzarse contra sus propios obreros y contra los pueblos semicoloniales en todas partes. También elevaría las rivalidades entre los imperialistas sobre quién explotará a China, llevando al mundo mucho más cerca de una nueva guerra mundial interimperialista. Esto subraya la obligación del proletariado internacional de defender las conquistas de la Revolución China. Por otro lado, una revolución política llevada a cabo bajo la bandera del internacionalismo proletario realmente estremecería al mundo.
Un gobierno de consejos obreros y campesinos expropiaría sin compensación los cientos de miles de millones de dólares en riqueza productiva que poseen los capitalistas chinos —dentro y fuera de la China continental— y los inversionistas occidentales y japoneses. Restablecería una economía centralmente planificada y administrada —incluyendo el monopolio estatal sobre el comercio exterior— gobernada no por el arbitrario "direccionismo" de una casta burocrática cerrada sobre sí misma (que produjo desastres como el "Gran Salto Adelante" de Mao) sino por la más amplia democracia proletaria.
Tales medidas provocarían una intensa hostilidad imperialista, tanto militar como económica (por ejemplo, un embargo económico), pero entre los obreros y oprimidos internacionalmente, incluyendo en los propios países imperialistas, encontrarían una inmensa simpatía y solidaridad.
Imbuidos con las prédicas estalinistas del "socialismo en un solo país", puede que incluso los obreros chinos más izquierdistas vean el prospecto de una revolución socialista en los países capitalistas avanzados como remoto o utópico. Pero una revolución política proletaria desgarraría el clima ideológico de la "muerte del comunismo" propagado por la burguesía desde la destrucción de la Unión Soviética. Radicalizaría al proletariado de Japón, el poderoso centro industrial del este asiático. Encendería la lucha por la reunificación revolucionaria de Corea —mediante la revolución política en el asediado Norte y la revolución socialista en el Sur— y resonaría entre las masas del sur de Asia, Indonesia y las Filipinas, desangradas por la austeridad imperialista. Reviviría a los trabajadores de Rusia, que han estado sometidos por una década de miseria capitalista.
Sólo mediante el derrocamiento del dominio de clase capitalista internacionalmente, particularmente en los centros imperialistas de Norteamérica, Europa Occidental y Japón, puede alcanzarse la plena modernización de China como parte de un Asia socialista. Es para proveer la dirección necesaria al proletariado en estas luchas para lo que la LCI busca reforjar la IV Internacional de Trotsky: partido mundial de la revolución socialista.
Los elementos colectivistas centrales en la economía china
La dirección del PCCh describe a China oficialmente como una "economía de mercado socialista". Son los aspectos "socialistas" (es decir, colectivistas) los responsables de los acontecimientos económicos positivos que ha habido en China en los últimos años: la vasta expansión de la inversión en infraestructura (por ejemplo, construcción urbana, canales, vías férreas y el gigantesco proyecto de la Presa Tres Gargantas); y la capacidad que tuvo China para navegar exitosamente a través de la crisis económico-financiera del este asiático de 1997-98 y después de la recesión capitalista mundial generalizada. Y son los aspectos de mercado de la economía china los responsables por los acontecimientos negativos: la brecha cada vez más amplia entre ricos y pobres, el empobrecimiento de una fracción grande y creciente de la población, decenas de millones de obreros despedidos de empresas estatales, el ejército de migrantes empobrecidos en las ciudades que ya no pueden ganarse el sustento en el campo.
En la China actual, son los elementos colectivizados centrales de la economía los que siguen siendo dominantes, si bien no de una manera coherente y estable, debido a una siempre cambiante interacción entre políticas gubernamentales y acuerdos institucionales contradictorios. En 2001, las empresas estatales y semiestatales (corporaciones de accionistas) constituían el 57 por ciento del valor bruto de la producción industrial de China (Anuario estadístico de China [2002]). Pero esta simple cifra estadística obscurece la centralidad estratégica de la industria estatal. El sector privado (incluyendo la propiedad de extranjeros) consiste en su mayor parte en fábricas que producen manufactura ligera mediante métodos de trabajo intensivo. La industria pesada, los sectores de alta tecnología y la producción de armamento moderno están abrumadoramente concentrados en empresas estatales. Son estas empresas las que le han permitido a China poner un hombre en el espacio. Lo que es mucho más importante, es la industria estatal la que le ha permitido a China construir un arsenal de armas nucleares y misiles de largo alcance para detener la amenaza estadounidense de un ataque nuclear preventivo.
Todos los bancos importantes de China son estatales. Casi la totalidad de los ahorros personales —estimada en un billón de dólares— está depositada en los cuatro principales bancos comerciales de propiedad estatal. El control gubernamental del sistema financiero ha sido clave para mantener y expandir la producción en la industria estatal y para la expansión general del sector estatal.
Entre 1998 y 2001, el gasto público en China aumentó del 12 al 20 por ciento del producto interno bruto. El componente del gasto gubernamental más alto y de más rápido crecimiento ha sido la inversión en infraestructura, aumentando en un 81 por ciento en estos tres años. Además, esto sucede en un momento en el que todo el mundo capitalista —incluyendo a los países más ricos de Norteamérica y Europa Occidental— ha estado buscando la austeridad fiscal. El gasto total planeado para construir una red de canales para irrigación del Río Yangtze al Río Amarillo en el norte es de 59 mil millones de dólares. Otros 42 mil millones van a gastarse en la expansión de las líneas del sistema ferroviario estatal de China. En comparación, la inversión extranjera directa de todas las fuentes en China el año pasado sumaba 53 mil millones de dólares.
Hasta ahora, la continuación de la propiedad estatal del sistema financiero ha permitido al régimen de Beijing controlar efectivamente (aunque no totalmente) el flujo de dinero-capital que entra y sale del territorio continental chino. La moneda china, el yuan (también llamado renminbi), no es libremente convertible; no puede intercambiarse (legalmente) en los mercados monetarios internacionales. La convertibilidad restringida del yuan ha mantenido a China protegida de los movimientos volátiles de capital a corto plazo ("capitales golondrinos") que periódicamente hacen estragos en las economías de los países neocoloniales del Tercer Mundo, desde Latinoamérica hasta el este asiático.
Más aún, durante el año pasado el régimen de Beijing ha mantenido al yuan cada vez más subvaluado (en términos del "libre mercado"), para disgusto de los capitalistas estadounidenses, europeos y japoneses. Un país capitalista-imperialista de segundo orden, como Gran Bretaña, no hubiera podido controlar la tasa de cambio de su moneda en los mercados mundiales como lo ha hecho China. En cuestión de meses, si no de semanas, el dinero-capital especulativo inundaría la City de Londres forzando un encarecimiento de la libra, independientemente de lo que quisiera o hiciera el gobierno de Blair.
Son precisamente los elementos colectivistas centrales de la economía china arriba descritos los que las fuerzas del imperialismo mundial quieren eliminar y desmantelar. Su fin último es reducir a China a una maquiladora gigante bajo subyugación neocolonial. Jonathan Anderson, el "experto" en China del banco de inversión de Wall Street, Goldman Sachs, afirma: "La conclusión es que China se está convirtiendo en un centro manufacturero para el resto del mundo de bienes baratos de industria ligera y trabajo intensivo. Contrario a lo que actualmente se teme, el resto del mundo se está convirtiendo en un centro manufacturero para China en bienes de industria pesada y capital intensivo" (Financial Times de Londres, 25 de febrero de 2003). Aquí el hombre de Goldman Sachs está proyectando a la actual realidad económica de China los planes de Wall Street para el futuro del país.
Sin embargo, el que la burocracia de Beijing haya abandonado un monopolio estatal estricto sobre el comercio exterior sirve para facilitar los planes de Wall Street. Pese a su rápido crecimiento de los últimos años, la economía china es atrasada con respecto incluso a las menores potencias capitalistas-imperialistas. Hay una cantidad dramática de construcción ocurriendo en Beijing con grúas casi por todos lados. Pero como le contó a Workers Vanguard un camarada que visitó China recientemente: "El personal de las construcciones es siempre muy grande, sin mucho equipo de carga fuera de carretillas y picos. Una vez, en las afueras de Beijing, vi unos treinta hombres construyendo una pared de tres pisos con dos carretas de caballos llenas de ladrillos."
Si bien las exportaciones de China a EE.UU. y otros países occidentales siguen aumentando a niveles récord, éstas consisten mayormente de manufacturas ligeras, baratas y de bajos salarios y bienes de consumo, como ropa, juguetes y electrodomésticos. Como señala Jonathan Anderson, el aumento de la producción industrial bruta de China entre 1993 y 2002 —de 480 mil millones de dólares a un billón 300 mil millones— casi fue totalmente compensado por el aumento en sus compras en bruto de productos industriales, es decir, maquinaria y capital de equipamiento.
Con su productividad de mano de obra relativamente baja, la industria china no puede competir contra Estados Unidos, Japón y Europa Occidental en el mercado mundial. Lo que escribió Trotsky para refutar la doctrina estalinista del "socialismo en un solo país" en la Unión Soviética se aplica actualmente a China con toda su fuerza:
"Mediante las cifras de las exportaciones y las importaciones, el mundo capitalista nos muestra que, para reaccionar, cuenta con otras armas que la intervención militar. En las condiciones del mercado, estando medidas la productividad del trabajo y la del sistema social en su conjunto por las relaciones de precios, la economía soviética está más amenazada por una intervención de mercancías capitalistas a buen precio que por una intervención militar."
—La Internacional Comunista después de Lenin (1928)
El arma principal de que dispone un estado obrero aislado y relativamente atrasado económicamente contra la intervención de bienes más baratos es el monopolio estatal del comercio exterior, es decir, el control estricto sobre exportaciones e importaciones por parte del gobierno (para un tratamiento más completo de esta cuestión, ver: "Protestas obreras sacuden China", parte II, WV No. 782, 31 de mayo de 2002). Pero la respuesta definitiva al atraso económico de China, y el único camino hacia una sociedad socialista —es decir, sin clases, igualitaria— yace en la revolución socialista mundial y en la integración de China a una economía internacionalmente planificada.
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/china22.htm
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